Crítica: ‘Stuart no consigue salvar el universo’

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Todo un laboratorio de posibilidades

Cuando se anunció que Stuart Bloom sería el protagonista de un nuevo spin off de ‘The Big Bang Theory’, pocos podían imaginar que la franquicia optaría por abandonar casi todas las convenciones que la hicieron mundialmente popular. Al contrario que ‘El joven Sheldon’, ‘Stuart no consigue salvar el universo’ no intenta repetir la fórmula de la sitcom original. Al contrario. La utiliza como punto de partida para lanzarse a un experimento mucho más ambicioso, extraño y, sobre todo, imprevisible.

La premisa de esta nueva serie, que se puede ver si haber visto la original y que se estrena el 23 de julio, es tan sencilla como efectiva. Una cadena de acontecimientos provoca que Stuart deba recorrer diferentes universos alternativos tratando de reparar un desastre que amenaza la realidad. A partir de ahí, la serie se convierte en un festival de ideas donde prácticamente cualquier escenario es posible.

Cada episodio propone un nuevo mundo con reglas completamente distintas. Lo mismo visitamos una sociedad postapocalíptica propia del mejor cine de ciencia ficción que un siglo XXI gobernado por la magia, una civilización completamente vegana o una delirante distopía donde las multas por pronunciar determinadas palabras (en un evidente guiño a ‘Demolition Man’) se llevan hasta consecuencias absolutamente absurdas.

Las referencias que se me vienen a la cabeza

Lo interesante es que la serie nunca se toma demasiado en serio. Cada realidad sirve tanto para desarrollar una aventura como para satirizar aspectos de nuestra sociedad, del fandom o incluso de la propia cultura popular.

Muchos establecerán inevitablemente comparaciones con ‘Doctor Who’, especialmente por la estructura de viajes entre realidades y el tono fantástico que adopta en determinados momentos. Sin embargo, la referencia que realmente viene a la cabeza es ‘Sliders’ (‘Salto al infinito’). Igual que ocurría en aquella reivindicable producción de los años noventa, los protagonistas saltan de una realidad alternativa a otra intentando regresar a su mundo original, lo que permite reinventar completamente el escenario en cada capítulo.

La conexión resulta incluso simpática si recordamos que en ‘Sliders’ participaba Jerry O’Connell, a quien muchos recuerdan por compartir reparto con Wil Wheaton en ‘Stand by Me’. Precisamente Wil Wheaton terminó convirtiéndose en uno de los cameos más recurrentes y divertidos de ‘The Big Bang Theory’, ejerciendo casi siempre como el gran dolor de cabeza de Sheldon Cooper.

Un cambio de tono que demuestra que la franquicia todavía tenía margen para sorprender

Lo primero que llama la atención es que desaparecen las risas enlatadas. Esa simple decisión transforma completamente la experiencia. La serie deja de sentirse como una sitcom tradicional para acercarse más a una aventura de ciencia ficción con abundantes dosis de humor y por supuesto mayor número de planos.

También nos congratulan con la presencia de momentos sorprendentemente sangrientos, algo completamente impensable en la serie matriz. No llega a convertirse en una producción especialmente violenta, pero sí demuestra que sus responsables buscan explorar territorios narrativos diferentes.

Aun así, el ADN de ‘The Big Bang Theory’ continúa presente. Siguen apareciendo cameos, referencias científicas y constantes guiños al mundo del cómic, los videojuegos, el cine y la televisión. Toda la narración gira alrededor de esa mezcla entre divulgación científica y cultura popular que siempre definió a la franquicia.

Resulta especialmente simpático comprobar cómo algunos objetos del decorado esconden referencias visuales a personajes y acontecimientos de la serie original, mientras determinados episodios incluyen pequeños detalles destinados únicamente a los espectadores más observadores.

Mención aparte merece la magnífica cabecera compuesta por Danny Elfman. Quizá no sea una melodía especialmente pegadiza, pero sí transmite perfectamente esa sensación de rareza permanente que envuelve toda la serie. Además, los títulos de apertura incorporan pequeñas variaciones visuales y mensajes ocultos entre episodios, un detalle que invita a prestar atención incluso antes de comenzar cada aventura.

Una serie tremendamente entretenida… con un desenlace demasiado prudente

‘Stuart no consigue salvar el universo’ funciona porque entiende perfectamente cuál es su objetivo. No pretende revolucionar la televisión ni construir complejas reflexiones filosóficas sobre el multiverso. Quiere divertir. Y lo consigue con enorme facilidad.

Cada episodio termina despertando la curiosidad por descubrir cuál será la siguiente realidad absurda, qué nuevo cameo aparecerá o hasta dónde estarán dispuestos a llevar una idea aparentemente imposible. Esa sensación convierte la serie en un producto francamente adictivo que invita a encadenar capítulos casi sin darse cuenta.

Precisamente esa capacidad para reinventarse constantemente es su mayor virtud. Nunca sabemos qué clase de universo visitaremos a continuación ni qué referencias cinematográficas, científicas o comiqueras aparecerán escondidas entre los diálogos.

Por desgracia, esa valentía desaparece parcialmente en el desenlace. El final resulta bastante flojo y transmite la sensación de que sus responsables prefieren dejar múltiples puertas abiertas antes que ofrecer una conclusión realmente satisfactoria. Se percibe claramente como un intento de mantener viva la posibilidad de futuras temporadas si la recepción del público acompaña.

No arruina el viaje, porque el recorrido continúa siendo enormemente divertido, pero sí deja un pequeño sabor a oportunidad desaprovechada. Quizá sea el único momento donde la serie parece contenerse cuando durante el resto del trayecto había demostrado no tener miedo a abrazar el disparate más absoluto.

En cualquier caso, este spin off confirma que el universo de ‘The Big Bang Theory’ todavía podía ofrecer propuestas inesperadas. No busca sustituir a la serie original, sino demostrar que sus personajes todavía pueden protagonizar historias completamente diferentes sin perder su esencia. Y eso, en una franquicia tan conocida, ya es un mérito considerable.

Crítica: ‘La Odisea’

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A pesar de los años que tiene La Odisea, Nolan consigue extraerle una nueva interpretación

Han pasado unos 28 siglos desde que Homero escribió ‘La Odisea’. Desde entonces es una obra que sirve de molde, patrón o inspiración para gran parte de las historias que conocemos en lo que respecta al viaje y retorno del héroe. Si nos ceñimos al cine ha pasado más de un siglo desde que se publicó la primera película inspirada en tan magna obra. Fue F. Bertolini en 1911 quien en clave de cine mudo nos contaba la historia. Tiempo después vimos la película que protagonizó Armand Assante en dos partes, la recientemente protagonizada por Ralph Fiennes… Es difícil enumerar todas las que han precedido a esta película que prácticamente es un evento.

Había una parte del público que parecía haber decidido odiar ‘La Odisea’ antes incluso de verla. El reparto, algunas decisiones de casting y la mera idea de que Christopher Nolan adaptara uno de los pilares de la literatura occidental habían generado un rechazo previo que, tras ver el resultado, resulta difícil sostener. No estamos ante una película que reinvente el relato de Homero ni que pretenda desmontar el mito para convertirlo en otra cosa. Tampoco busca una revisión posmoderna ni una actualización política evidente. Y precisamente ahí reside una de sus mayores virtudes.

Nolan opta por una estructura fragmentada, coherente con el resto de su filmografía, pero sin convertirla en un rompecabezas. El punto de partida es especialmente interesante: Odiseo permanece en la isla de Calipso afectado por una amnesia (una licencia narrativa respecto al poema original) y es a través de recuerdos, testimonios y diferentes líneas argumentales como el espectador recompone el viaje. No toda la película mantiene esa estructura retrospectiva, ya que, llegado un determinado momento, el relato se instala definitivamente en el presente y avanza hacia el desenlace, mientras otros personajes adquieren un protagonismo poco habitual en adaptaciones anteriores. Ese equilibrio entre el misterio inicial y la progresión clásica funciona con notable eficacia y evita que el montaje termine devorando la emoción.

Más allá de Troya: el verdadero peso del héroe

Lo más interesante de ‘La Odisea’ es que Nolan no parece especialmente interesado en la Guerra de Troya, lo cual también tiene su lógica. Lo que realmente le fascina es aquello que la concluyó y lo que vino después. La película convierte el célebre caballo en mucho más que una estratagema militar. Según plantea el director, aquel engaño supuso la ruptura definitiva entre hombres y dioses, el momento en que una civilización decidió traicionar unas reglas sagradas que habían sostenido su equilibrio durante siglos.

A la Odisea se le pueden extraer multitud de lecturas y siempre será retomada por uno u otro director. Está claro que la época puede marcar la adaptación y en este caso Nolan, sin dejarse influir excesivamente por tantas películas que establecen paralelismos con nuestra realidad se centra en algo que a mí por lo menos no se me había ocurrido. El caballo de Troya actúa aquí como un auténtico troyano moral que destruye desde dentro y cual efecto mariposa el sistema de valores sobre el que descansaba aquel mundo. A partir de esa decisión, todo el Mediterráneo entra en un efecto dominó del que ya no existe retorno. No es tanto una reflexión sobre nuestro presente como un recordatorio de que cualquier civilización está condenada a repetir los mismos errores cuando olvida los principios que la sostienen.

Si sumamos esto a que Odiseo sabe y comprende que, haga lo que haga, únicamente él llegará al destino final. Todos los demás quedarán atrás, víctimas de decisiones que comenzaron mucho antes de embarcarse hacia Ítaca. La película encuentra así una dimensión melancólica muy poderosa, alejándose del simple relato de aventuras.

Nolan siempre nos ofrece algo diferente y visualmente tampoco decepciona. Están los el gigantes, un cíclope, el remolino de Caribdis, secuencias de la caída de Troya… Quizás a muchos decepcione el diseño de estas escenas o personajes, pero por ejemplo no hay nada que reprochar al diseño de vestuario. Si Nolan ya nos dejó alucinados con la bomba de Oppenheimer aquí la magnitud se le ha ido de las manos al recrear al cíclope con una marioneta de seis metros de altura.

Un reparto desigual y una escena inolvidable

Mucho gigante, remolino, batalla de Troya y cíclope, pero la escena con la que me quedo es la de Circe con Samantha Morton. Nolan se pasa al body horror con este fragmento que tiene un momento plástico, agobiante e hipnótico.

La secuencia de Circe supone probablemente el momento más sorprendente de toda la película. Samantha Morton ofrece una interpretación hipnótica en una escena donde Nolan se aproxima al body horror con una elegancia visual inesperada. Es un pasaje plástico, incómodo y absorbente que rompe durante unos minutos el tono épico para introducir una pesadilla casi física. No resulta extraño que haya sido una de las interpretaciones más elogiadas desde los primeros pases del filme.

Matt Damon encuentra el equilibrio perfecto entre la astucia legendaria y el inmenso cansancio emocional de Odiseo. Anne Hathaway construye una Penélope desesperada y resistente sin caer nunca en el victimismo. Robert Pattinson compone un personaje despreciable con enorme convicción, mientras John Leguizamo sorprende muy positivamente como Eumeo, protagonizando algunos de los momentos más emotivos de toda la historia.

También conviene acallar las críticas previas hacia la presencia de Elliot Page. Quienes llevaban meses utilizando su participación como argumento contra la película sencillamente se quedan sin razones. Si hay una decisión discutible dentro del reparto, probablemente sea el tratamiento que recibe Lupita Nyong’o como Helena de Troya. No es ni de lejos por el color de su piel o por su belleza, sino por un giro argumental con licencia de regalo que sin duda generará debate entre los espectadores.

Paradójicamente, quienes salen peor parados son tres intérpretes que coinciden también en ‘Spider-Man: Brand New Day’. Zendaya nunca termina de convencer como la versión sabia e imponente de Atenea, Jon Bernthal interpreta a Menelao con unos registros demasiado cercanos a su habitual Punisher y Tom Holland, aun estando correcto, afronta un par de escenas que exigían una presencia dramática mayor de la que consigue transmitir.

¿Hay que verla en IMAX?

Nolan ha diseñado buena parte de su puesta en escena para verla en este formato y no hacerlo no debería invalidar cualquier opinión con respecto a lo técnico. Hay que reconocer que la enorme resolución del negativo de 70 mm, la profundidad del encuadre y la espectacular relación de aspecto permiten apreciar con una claridad extraordinaria tanto la inmensidad de los paisajes como el nivel de detalle de las secuencias más ambiciosas. Escenas como el encierro con el cíclope, la huida por el bosque e incluso el claustrofóbico enfrentamiento final merecen una escala grande, mientras que los momentos más íntimos también se benefician de una definición y una textura difíciles de replicar en otros formatos. En una película donde la sensación de viaje y de inmensidad forma parte esencial de la experiencia, verla en IMAX de 70 mm no es un simple lujo para cinéfilos, sino la forma más cercana de experimentar exactamente la visión que Nolan concibió para el espectador.

No hay una ocasión mejor para recomendaros ver esta película en un cine IMAX. Y es que el filme ha quedado por último dedicado a la memoria del fallecido David Keighley, que es quién asesoró y garantizó la tecnología IMAX para las películas de Nolan.

Ficha de ‘La Odisea’

Estreno en España: 17 de julio de 2026. Título original: The Oddysey. Duración: 172 min. País: Reino Unido. Dirección: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Música: Ludwig Göransson. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Reparto principal: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya, Charlize Theron, Elliot Page. Producción: Universal Pictres, Syncopy, Wildside. Distribución: Universal Pictures. Género: aventura, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Posesión infernal: en llamas’

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Uno pide irse de spa tras este baño de tensión, sangre y dolor

La franquicia ‘Posesión Infernal’ hace tiempo que dejó de competir por quién provoca más miedo. Su verdadera batalla consiste en descubrir hasta dónde puede llevar el sufrimiento físico de sus personajes sin perder esa sonrisa macabra que acompaña al espectador. Con ‘Posesión Infernal: En llamas’, Sébastien Vanicek entiende perfectamente cuál es el juego y entrega una película que apenas concede un segundo para recuperar el aliento.

Eso sí, conviene avisarlo desde el principio. Quienes no estén familiarizados con la saga, o quienes no disfruten del terror más sangriento, probablemente encuentren esta propuesta excesiva. Aquí no hay medias tintas. Cada muerte busca superar a la anterior mediante una sucesión de mutilaciones, heridas imposibles y un gore recreado con todo lujo de detalles. Si en ‘Posesión Infernal: El despertar’ muchos todavía recuerdan la escena del rallador de queso, esta nueva entrega convierte aquella secuencia casi en una anécdota. Es una película muy burra, extremadamente física y construida para hacer que el espectador sienta dolor simplemente contemplando lo que ocurre en pantalla. Y  sé que el director no buscaba el gore por el gore, pero le ha saldo eso.

No es casualidad y el director es víctima de sus propias intenciones. El propio Vanicek explicó durante el desarrollo del proyecto que pretendía crear una experiencia tan visceral que el público saliera del cine completamente agotado. Y, desde luego, cumple su promesa. Cuando terminan los créditos, tras tanta tensión, sangre y dolor, uno siente que necesita más un spa que una secuela. Precisamente por eso merece la pena quedarse sentado en la butaca, porque hay una escena a mitad de los créditos y otra al final que conectan con el pasado y el posible futuro de la franquicia.

Aparcando ‘Vermin’ y para saciar al fan de ‘Posesión infernal’

Quien disfrutara con ‘Vermin’ quizá espere encontrar aquí aquella sensación de angustia constante que convertía las arañas en una auténtica pesadilla. Sin embargo, Vanicek no consigue transmitir el mismo nivel de terror psicológico ni de agobio o nerviosismo. También es verdad que la propia identidad de ‘Posesión Infernal’ nunca ha residido únicamente en el miedo. La saga siempre ha preferido sorprender con nuevas barbaridades antes que con simples sobresaltos.

En ese sentido, el director francés demuestra haber entendido perfectamente el legado recibido. Sam Raimi eligió personalmente a Vanicek tras quedar impresionado con su anterior trabajo, mientras Bruce Campbell continúa implicado como productor ejecutivo, una presencia que además va mucho más allá del apartado industrial gracias a varios guiños dirigidos directamente a los seguidores más veteranos.

También resulta simpático que el realizador deje pequeñas pinceladas de su procedencia, tanto mediante algunos apuntes musicales como con la elección de un actor que repite con él tras ‘Vermin’ y el fichaje de Souheila Yacoub como protagonista. La actriz suiza, muy vinculada al cine francés gracias a trabajos como ‘Climax’ o la serie ‘No Man’s Land’, aporta una intensidad física que encaja perfectamente con el tono del filme.

Más sangre que mitología, pero un entretenimiento salvaje para los fans

Personalmente, sigo inclinándome hacia la segunda entrega lanzada tras el remake de 2013. Me pareció una película que encontraba un mejor equilibrio entre el espectáculo gore y una historia capaz de sostenerse por sí misma. En ‘Posesión Infernal: En llamas’ el componente familiar vuelve a ocupar buena parte del relato, aunque en esta ocasión el argumento existe principalmente para enlazar una brutalidad con la siguiente.

Quizá por eso se echa de menos una mayor expansión de algunos elementos del universo de la saga, especialmente todo lo relacionado con el círculo de hombres sabios o la mitología kandariana, aspectos que aparecen apuntados pero nunca desarrollados con la profundidad que muchos aficionados agradecerían.

También resulta curioso cómo Vanicek juega deliberadamente con las expectativas del público. En un par de ocasiones parece que va a repetir dos de los momentos más icónicos de la franquicia: la pronunciación de las palabras de invocación y el inevitable protagonismo de la motosierra durante el clímax. Sin embargo, introduce pequeñas fintas cargadas de humor autoconsciente que funcionan bastante bien precisamente porque saben que el espectador espera esos instantes. Rebeldía de autor, supongo.

Eso no impide que el filme caiga en algunos tópicos muy vistos dentro del género. La acción vuelve a desarrollarse prácticamente en una casa decrépita, reaparece el recurso del perro para generar inquietud y tampoco falta ese personaje construido con todos los clichés posibles de la depresión (uñas oscuras, pelo teñido y sudadera con capucha incluida). También repite algunos recursos que hemos visto en ‘La Momia de Lee Cronin’, que se supone que está dentro de este universo, pero aún no llega la ansiada conexión.

Pero cuando uno entra en ‘Posesión Infernal: En llamas’ sabe exactamente qué viene a buscar. Y la película cumple con creces. Es grotescamente divertida, tremendamente salvaje y probablemente una de las entregas más extremas de toda la franquicia. Puede discutirse si supera o no sus predecesoras, pero cuesta negar que Vanicek ha firmado una experiencia tan agotadora como memorable para cualquier amante del horror más descarnado.

Ficha de ‘Posesión infernal: en llamas’

Estreno en España: 17 de julio de 2026. Título original: Evil Dead Burn. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Sébastien Vanicek. Guion: Sébastien Vanicek, Florent Bernard. Música: Xavier Caux, Douglas Cavanna, Double Danger. Fotografía: Philip Lozano. Reparto principal: Souheila Yacoub, Tandi Wright, Hunter Doohan y Luciane Buchanan. Producción: Ghost House Pictures, New Line Cinema, New Zealand Film Commission, Ontario Creates, Screen Gems, Warner Bros. Distribución: Sony Pictures. Género: terror. Web oficial

Crítica: ‘A 500 millas de casa’

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Una de las sorpresas más emotivas del año

‘A 500 millas de casa’ es una película dirigida por Morgan Matthews que se presenta inicialmente como una entrañable aventura infantil. Dos hermanos deciden escapar de una realidad que amenaza con romper definitivamente su mundo para emprender un viaje desde Inglaterra hasta Dingle en la costa oeste de Irlanda. Esa pequeña villa, además de albergar la tradición del delfín Fungie (extraída de nuestra mismísima realidad) es el lugar donde conservan el último recuerdo de una familia unida: la casa en la que pasaban las vacaciones junto a sus abuelos. Sin embargo, bajo esa apariencia de relato ligero y amable se esconde un drama sobre las cicatrices invisibles que dejan determinadas decisiones y eventos.

La separación de los padres funciona únicamente como el detonante. La verdadera distancia que separa a esta familia no es geográfica, sino emocional, y el filme va dejando pequeñas pistas de que existe un acontecimiento mucho más importante que permanece oculto hasta su demoledor desenlace.

Durante buena parte del metraje, Matthews convierte la película en una deliciosa road movie infantil llena de trastadas, pequeños engaños y situaciones disparatadas que recuerdan a esas aventuras familiares donde la imaginación de los niños siempre encuentra una salida antes que la lógica de los adultos. Ese equilibrio entre humor y melancolía es uno de los grandes aciertos del filme, porque nunca pierde de vista que toda esa rebeldía nace del miedo a perder el único lugar donde ambos hermanos todavía se sienten seguros.

Un reparto que sostiene la emoción incluso cuando el guion fuerza la maquinaria

El mayor descubrimiento de la película vuelve a ser Dexter Sol Ansell. Muchos espectadores lo reconocerán por interpretar a Egg en ‘El caballero de los siete reinos’, pero aquí demuestra un registro completamente distinto. Su Charlie rebosa energía, descaro y una vitalidad contagiosa. Su personaje, nacido cuatro meses antes de lo previsto, transmite una sensación casi instintiva de niño que celebra cada minuto vivido como una pequeña victoria.

Roman Griffin Davis vuelve a demostrar el enorme talento que ya dejó entrever años atrás. Su interpretación aporta pequeños pasos hacia la madurez ejerciendo ya de hermano mayor y alejándose de la ternura de papeles anteriores, igual que ha hecho en ‘La larga marcha’ o en ‘Greenland’. La diferencia aquí es que consigue desarrollar una trama psicológica sin caer en el sentimentalismo fácil.

Y cuando la historia necesita veteranía y un ancla emocional aparece Bill Nighy. El mítico actor apenas necesita elevar la voz para llenar la pantalla de humanidad. Su presencia transmite ese tipo de afecto contenido que solo algunos intérpretes consiguen expresar con una simple mirada.

También participa en el filme Maisie Williams, inolvidable Arya Stark en ‘Juego de Tronos’. Su intervención es breve y funciona principalmente como el mecanismo que impulsa la aventura hacia delante. No pretende robar protagonismo, sino servir de catalizador para que el viaje comience.

Un desenlace imperfecto pero profundamente conmovedor

Aunque la sensación que deja es tan preciosa como abrumadora, la película hace alguna pequeña trampa narrativa. Revisada una vez conocido el desenlace, existen determinadas escenas cuya construcción resulta difícil de reconciliar con la revelación final. Son licencias que el guion utiliza para proteger el misterio.

Sin embargo, el impacto emocional del giro termina imponiéndose sobre esas pequeñas incoherencias. Matthews entiende que la sorpresa únicamente tiene valor si transforma retrospectivamente todo lo visto hasta ese momento, y aquí lo consigue con bastante eficacia. El último tramo obliga a reinterpretar muchas conversaciones y silencios, convirtiendo lo que parecía una sencilla aventura infantil en un relato mucho más doloroso sobre una familia incapaz de afrontar ciertas cosas.

Visualmente, Irlanda adquiere un papel casi terapéutico. Sus paisajes abiertos contrastan con los hogares rotos de los personajes y simbolizan ese lugar donde los recuerdos todavía permanecen intactos. No es casual que los niños persigan una casa antes que una persona: buscan regresar a un tiempo en el que todavía existía la felicidad. Y de camino les acompañan acordes del folk irlandés, de ese que aúna espíritus y voces en tabernas y caminos.

‘A 500 millas de casa’ emociona porque comprende perfectamente cómo piensan los niños cuando el mundo adulto se rompe delante de ellos. Y también cómo los adultos a veces olvidan que eran niños y permanecen inaccesibles a esas situaciones. La película hace uso de una enorme sensibilidad y la capacidad de plasmar la mirada infantil. Es tierna, conmovedora y sincera hallando en el viaje físico una metáfora ideal.

Ficha de ‘A 500 millas de casa’

Estreno en España: 10 de julio de 2026. Título original: 500 miles. Duración: 102 min. País: Reino Unido. Dirección: Morgan Matthews. Guion: Malcolm Campbell. Música: Jamie Duffy, Atli Örvarsson. Fotografía: Tom Comerford. Reparto principal: Bill Nighy, Roman Griffin Davis, Dexter Sol Ansell, Maisie Williams. Producción: New Origin, Head Gear Films, Metrol Technology, Minnow Films, Origin Pictures, Post Pictures, Sampsonic Media. Distribución: Divisa Films. Género: drama, aventura. Web oficial.

Crítica: ‘La muerte de Robin Hood’

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Una contextualización del mito que no lo mata, sino que lo revisa desde una incomodidad realista

La coincidencia resulta casi macabra. Justo cuando llega a los cines ‘La muerte de Robin Hood’, una película que reflexiona sobre el ocaso de uno de los personajes más importantes de la tradición popular anglosajona, hemos conocido la muerte del Major Oak, el legendario árbol de Sherwood asociado durante siglos a las historias del arquero forajido. Más de mil años de historia convertidos en madera muerta. No deja de parecer una retorcida campaña promocional diseñada por algún departamento de marketing especialmente inspirado, aunque la realidad, por desgracia, sea mucho más triste. El símbolo muere mientras el cine se dispone a narrar el final del hombre que inspiró todo.

Dada la tonalidad de la cinta creo que tendrá muchos detractores. Y sin ánimo de hacer de abogado del diablo he de decir que me ha engatusado su visión. Además, acudí con ganas a verla y me esperaba ya algo así de lúgubre pues todo parte de la idea del director Michael Sarnoski. El director ya había demostrado en ‘Pig’ una sensibilidad extraordinaria para explorar al ser humano, además de conseguir algo que no siempre resulta sencillo: extraer una de las mejores interpretaciones de la carrera reciente de Nicolas Cage. Más tarde confirmó su talento para el cine de gran presupuesto con ‘Un lugar tranquilo: Día 1’. Ahora utiliza ambas experiencias para construir una obra que se mueve entre el drama existencial, el relato medieval y la revisión de un estándar del heroísmo.

El Robin Hood que podría haber existido

Quien espere una nueva aventura heroica protagonizada por el arquero de Sherwood probablemente salga desconcertado. ‘La muerte de Robin Hood’ pertenece a esa corriente de películas empeñadas en desmontar mitos para encontrar la humanidad que se esconde detrás de ellos. En ese sentido conecta con propuestas como ‘El regreso de Ulises’, ‘El hombre del norte’ o ‘Beowulf & Grendel’. Resulta curioso que las dos últimas estén vinculadas también a la familia Skarsgård, cuya presencia vuelve a aparecer aquí mediante Bill Skarsgård interpretando a Edward, una reinterpretación de Little John.

La intención de Sarnoski no es narrar la leyenda, sino preguntarse cómo pudo surgir. ¿Qué clase de hombre real habría inspirado siglos de canciones, cuentos y exageraciones? La respuesta es profundamente incómoda. Su Robin Hood está lejos de ser un héroe romántico. Es un hombre envejecido, marcado física y moralmente por una vida de violencia, robos y muertes. Un personaje que contempla el peso de sus actos mientras busca irse con las botas puestas.

Lo interesante es que la película nunca abandona esa perspectiva realista. Cada enfrentamiento, cada decisión y cada conflicto parecen diseñados para alejarse de la fantasía aventurera tradicional. No hay espacio para hazañas imposibles ni para discursos idealizados. Lo que encontramos es barro, sangre y supervivencia. Una Edad Media hostil donde la violencia tiene consecuencias físicas y emocionales.

La película no cae en el cinismo absoluto. Existe una cierta nobleza trágica en este Robin Hood que se niega a rendirse a la figura que han creado sus propias mentiras. Y aunque la película imagina libremente numerosos aspectos de la leyenda, mantiene una ligera fidelidad al espíritu del desenlace tradicional asociado al personaje.

Hugh Jackman lidera un reparto excepcional

Uno de los grandes aciertos del filme es su reparto. Hugh Jackman encuentra aquí uno de esos personajes que parecen escritos específicamente para un actor que ha alcanzado cierta madurez artística. Por otro lado si lo pensamos bien esta película habría encajado perfectamente con su adorado personaje de Marvel. Su Robin Hood combina dureza, cansancio, culpa y determinación. El actor desaparece prácticamente tras una barba y unas cicatrices que propiciaron que la propia Jodie Comer reconociese que apenas lo identificó durante los primeros días de rodaje.

A su lado encontramos a una magnífica Jodie Comer como Brigid, probablemente el personaje más importante para comprender la dimensión humana del protagonista. La actriz vuelve a demostrar por qué es una de las intérpretes más sólidas de su generación, aportando sensibilidad y fuerza a un papel que evita cualquier simplificación.

Bill Skarsgård también aporta presencia y carisma en esta reinterpretación de Little John. Su personaje funciona como recordatorio constante del pasado compartido y de las consecuencias de una vida construida alrededor de la violencia. Pero sobretodo para dar pie a un personaje infantil que se acaba convirtiendo en crucial.

Una elegía medieval acompañada por una música extraordinaria

Si visualmente la película apuesta por la crudeza, su apartado musical opta por la melancolía. La banda sonora compuesta por el músico Jim Ghedi se convierte en uno de los elementos más destacados del conjunto. Sus composiciones acústicas, oscuras y profundamente folk acompañan la narrativa como si fueran antiguas baladas transmitidas de generación en generación.

Las melodías evocan ocasionalmente ecos medievales, especialmente gracias al uso de instrumentos y texturas sonoras cercanas a gaitas, violines y arreglos tradicionales. Sin embargo, Ghedi evita cualquier tentación épica. Su música habla constantemente de pérdida, de memoria y de la inevitabilidad del paso del tiempo.

Y quizás ahí reside la verdadera esencia de ‘La muerte de Robin Hood’. No es una película sobre un héroe legendario. Es una película sobre lo que ocurre cuando la leyenda desaparece y sólo queda el hombre. Sobre cómo los relatos transforman a las personas en símbolos y cómo esos símbolos terminan sobreviviendo a quienes los inspiraron.

Sin rigor mitológico, pero quizás si histórico

Michael Sarnoski entrega una obra sombría, violenta y profundamente reflexiva que probablemente dividirá a quienes busquen una aventura tradicional o sean mitómanos. Sin embargo, para quienes disfrutan de las reinterpretaciones terrenales del mito y de los relatos crepusculares sobre héroes envejecidos, estamos ante una propuesta fascinante aunque con algunos momentos de deriva y de prolongación innecesaria.

Quizá Robin Hood nunca fue exactamente como nos lo contaron. Pero si alguna vez existió alguien capaz de inspirar esta figura heróica, seguramente se parecería bastante al hombre que Hugh Jackman interpreta aquí. Sarnoski entiende que un hombre criado en la crudeza medieval difícilmente podía responder a los conflictos con el idealismo romántico que le atribuyen las leyendas posteriores. Su temperamento frío y agresivo es, en gran medida, el reflejo de una época donde la fuerza y la violencia marcaban el rumbo de la historia y los cuentos.

Ficha de ‘La muerte de Robin Hood’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: The Death of Robin Hood. Duración: 123 min. País: EE.UU. Dirección: Michael Sarnoski. Guion: Michael Sarnoski. Música: Jim Ghedi. Fotografía: Patrick Scola. Reparto principal: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe, Fatih Delaney. Producción: Lyrical Media, Ryder Picture Company. Distribución: DeAPlaneta. Género: acción, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Lady Nazca’

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Las líneas de Nazca son un tesoro y una herencia cultural, pero Dorsaz consigue convertirlas en un viaje hacia la identidad

Hay películas que buscan resolver misterios y otras que entienden que el verdadero interés está en quienes los contemplan. ‘Lady Nazca’, dirigida por Damien Dorsaz, pertenece claramente al segundo grupo. Aunque parte de uno de los grandes enigmas arqueológicos del planeta, las célebres líneas de Nazca, el filme evita caer en la obsesión por las teorías y las respuestas para centrarse en algo mucho más humano: la búsqueda de identidad, de propósito y de un lugar propio en el mundo.

Ambientada en el Perú de 1936, cuando el nazismo comenzaba a proyectar su sombra sobre Europa y el mundo observaba con inquietud los cambios políticos que se avecinaban, la película sigue a María Reiche, matemática alemana que atraviesa una crisis tanto profesional como sentimental. Su encuentro con el arqueólogo francés Paul d’Harcourt la llevará hasta el desierto de Nazca, donde descubrirá unas figuras gigantescas trazadas sobre la tierra que terminarán transformando su existencia.

Resulta especialmente interesante cómo el largometraje convierte la ciencia en un lenguaje emocional. Mientras otros personajes hablan francés, alemán, inglés o español, y en determinados momentos también escuchamos lenguas indígenas como el quechua o el aimara, el verdadero idioma de María es el de las matemáticas. Son los números, las proporciones y las líneas geométricas los que le permiten interpretar el mundo y conectar con una antigüedad olvidada. La diversidad lingüística supone además un reto notable para el reparto y contribuye a transmitir la sensación de agitación internacional que rodea la historia.

El desierto como personaje y espectáculo visual

Uno de los grandes logros de ‘Lady Nazca’ reside en su apartado visual. Damien Dorsaz entiende que las líneas no pueden ser simplemente un decorado. Deben convertirse en una presencia casi espiritual que acompañe a la protagonista durante todo su recorrido vital.

Por motivos de conservación patrimonial, parte del trabajo visual se realizó mediante réplicas construidas en zonas autorizadas de Palpa, complementadas con localizaciones en Nazca, Ica y Lima. El resultado es notable porque en ningún momento se percibe artificioso.

Los grandes planos generales consiguen transmitir una sensación de asombro constante. Las líneas rompen la aparente uniformidad del paisaje y convierten el desierto en un espacio casi sobrenatural. Hay secuencias donde la inmensidad de la naturaleza parece dialogar directamente con la pequeñez del ser humano, recordándonos que algunas obras trascienden a quienes intentan comprenderlas.

La fotografía de Gilles Porte aprovecha además las tonalidades ocres y doradas del entorno para construir imágenes de enorme belleza contemplativa. A veces la película avanza con una lentitud deliberada que puede poner a prueba la paciencia de algunos espectadores, pero esa misma cadencia permite apreciar mejor la relación íntima que María desarrolla con el territorio.

Más allá del misterio arqueológico

Algo que remarca el guión es que María Reiche no fue quien descubrió las líneas de Nazca, pero sí una de las figuras fundamentales para su estudio, divulgación y protección. Durante décadas dedicó su vida a preservar aquel legado cultural hasta convertirse en una auténtica institución en Perú. No es casualidad que el museo situado junto a las líneas lleve su nombre y que allí reposen sus restos.

La María Reiche de Devrim Lingnau no es una heroína convencional ni una aventurera romántica al uso. Es una mujer inteligente y profundamente observadora que encuentra en aquellas marcas milenarias una vocación capaz de dar sentido a su vida. Lejos de presentar una visión colonial o paternalista, ‘Lady Nazca’ apuesta por mostrar a una mujer que se integra profundamente en la cultura peruana. La película subraya cómo su compromiso va más allá de la curiosidad científica y termina convirtiéndose en una auténtica misión de vida.

Por eso el misterio arqueológico acaba ocupando un lugar secundario. La pregunta principal no es quién creó las líneas ni cuál era su función, sino qué encuentra María en ellas. La respuesta tiene más que ver con la pertenencia, la vocación y la memoria que con cualquier teoría histórica.

Ficha de ‘Lady Nazca’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Lady Nazca. Duración: 99 min. País: Francia. Dirección: Damien Dorsaz. Guion: Damien Dorsaz, Fadette Drouard, Franck Ferreira Fernandes, Raphaëlle Valbrune-Desplechin, Aude Py. Música: Nascuy Linares. Fotografía: Gilles Porte. Reparto principal: Devrim Lingnau, Guillaume Gallienne, Olivia Ross, Amaranta Kun. Producción: Octopolis, 27 Films Productions, Memento Films Production, TOBIS Film, Rotor Film, Digital District, Unesco, FFA, DFFF, Rayo en la botella. Distribución: Vercine. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘Día de caza’

Demuestra que es imposible escapar de nuestro pasado, personal y cinematográfico

Hay remakes que se limitan a reproducir una obra conocida con nuevos rostros y una estética actualizada. Luego están aquellos que entienden que la mejor manera de revisitar un clásico consiste en dialogar con él. ‘Día de caza’, de Pedro Aguilera, pertenece claramente a esta segunda categoría. Inspirada de forma directa en ‘La caza’, una de las películas más importantes y celebradas de la filmografía de Carlos Saura, la nueva propuesta no pretende ocultar sus referencias ni disfrazar sus intenciones. Al contrario, las exhibe con orgullo para construir una obra que, siendo prácticamente idéntica en su estructura, termina adquiriendo una personalidad propia.

La premisa sigue siendo tan sencilla como inquietante. Un grupo de viejas amistades vuelve a reunirse después de muchos años sin apenas contacto para disfrutar de una jornada de caza. Bajo esa apariencia de camaradería y reconciliación laten viejas heridas, frustraciones acumuladas y tensiones que nunca llegaron a resolverse. Lo que comienza como una reunión aparentemente cordial se transforma poco a poco en un estudio sobre el resentimiento, la decepción y los vínculos deteriorados por el paso del tiempo.

Aguilera juega de forma muy consciente con la memoria cinéfila del espectador. La película mantiene buena parte de los diálogos, las dinámicas y la progresión dramática del original de Saura. Sin embargo, no se trata de una copia vacía. El director comprende perfectamente qué elementos deben permanecer intactos y cuáles necesitan ser adaptados para dialogar con la sociedad contemporánea.

De hecho, una de las decisiones más inteligentes de la película es no convertir la actualización en un simple ejercicio de inversión de roles. La revisión no gira alrededor de cuestiones de género ni pretende demostrar que los conflictos cambian dependiendo del sexo de los personajes. Su interés es mucho más ambicioso. Lo que realmente le interesa a Aguilera es examinar cómo han cambiado las preocupaciones colectivas desde las puertas del tardofranquismo hasta la actualidad.

De la España de Saura a la crisis de representación contemporánea

La fuerza de ‘Día de caza’ no reside solo en un reparto envidiable y metidísimo en sus papeles compuesto por Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma y la joven Zoé Arnao. Reside precisamente en la capacidad para conectar dos épocas históricas muy diferentes y demostrar que determinadas fracturas humanas siguen permaneciendo intactas. No sé si las actrices han visto o no la película original, pero desde luego calcan a sus predecesores.

Cuando Carlos Saura y Angelino Fons escribieron ‘La caza’, España vivía bajo una dictadura y las tensiones sociales, políticas y generacionales impregnaban cada rincón de la narración. Pedro Aguilera y la guionista Lola Mayo trasladan el conflicto a un presente radicalmente distinto, pero llegan a conclusiones sorprendentemente iguales. La película, por ejemplo, introduce reflexiones sobre la llamada crisis de representación, uno de los fenómenos más característicos de nuestra época.

En ese sentido, Aguilera demuestra una comprensión admirable del material original. No intenta actualizarlo mediante referencias superficiales o discursos forzados. Lo que hace es localizar cuáles son las fracturas de nuestro presente y utilizarlas para alimentar progresivamente el conflicto dramático. Por eso la película funciona tan bien como una especie de secuela espiritual. Muchas son las películas de terror que enmarcan sus canicerías en escenarios donde previamente ha sucedido lo macabro. Idéntica jugada vemos en este filme. Continúa casi la historia de Saura en términos narrativos y prolonga sus preguntas esenciales.

Una experiencia incómoda y ferozmente contemporánea

Hace seis décadas Saura incomodó al público con diálogos hostiles, largas tomas de cazas reales, ecos de la Guerra Civil y planos que recorrían sudorosos cuerpos masculinos. Hoy, más insensibilizados con la violencia pero más sensibilizados con el trato a los animales, la estrategia es otra.

La tensión está presente desde los primeros compases y va creciendo hasta desembocar en un desenlace especialmente agresivo. Aguilera entiende que el público contemporáneo posee una sensibilidad diferente y, probablemente, un mayor grado de acostumbramiento a la violencia audiovisual. Por eso decide endurecer considerablemente el clímax.

Afortunadamente, la película evita uno de los elementos más problemáticos del original. Mientras que ‘La caza’ incluía la muerte real de animales, esta nueva versión prescinde de esas imágenes. No obstante, eso no significa que sea una experiencia fácil para espectadores sensibles. Hay secuencias particularmente desagradables y el tramo final alcanza niveles de crudeza visual que pueden resultar difíciles de soportar para algunos espectadores.

‘Día de caza’ es una obra que justifica plenamente su existencia porque comprende el legado que está revisitando y sabe encontrar nuevas preguntas para un viejo conflicto. No pretende sustituir a ‘La caza’, sino dialogar con ella desde el presente. Pedro Aguilera firma así una revisión inteligente, respetuosa y feroz, capaz de convertir un clásico del cine español en un espejo donde observar las incertidumbres, frustraciones y contradicciones de nuestra propia época.

Ficha de ‘Día de caza’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Día de caza. Duración: 94 min. País: España. Dirección: Pedro Aguilera. Guion: Lola Mayo, Pedro Aguilera. Música: Fernando Vacas. Fotografía: Eva Díaz. Reparto principal: Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma, Zoé Arnao. Producción: Gonita Filmación S.L., Día de caza AIE, Mondex ET CIE. Distribución: Sideral, Latido Films. Género: drama, comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Hermanito’

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La vieja fórmula del hermano imposible vuelve a llamar a la puerta

Hay películas cuya premisa puede resumirse en una sola frase porque ya forma parte del ADN de la comedia estadounidense. Un individuo ordenado, exitoso y obsesionado ir solo hacia arriba ve cómo su existencia se convierte en un caos por culpa de alguien imprevisible del que no puede deshacerse. ‘Hermanitos’ no intenta ocultar que pertenece a esa tradición. Al contrario, la abraza desde el primer minuto en el que vemos que esto a va a ser una cosa de chiflados.

Matt Spicer dirige una propuesta que reúne a John Cena y Eric André en una dinámica que remite inevitablemente a títulos como ‘Los gemelos golpean dos veces’, ‘Hermanos por pelotas’ o ‘Mejor solo que mal acompañado’. La diferencia es que aquí el concepto de hermanos no es exactamente el que el espectador podría esperar. No hablamos de una relación de sangre, sino de un vínculo surgido de un modo más inesperado y que prefiero no desvelar.

El resultado es una de esas comedias pasajeras que cumplen con lo prometido, arrancan algunas carcajadas y desaparecen de la memoria con la misma rapidez con la que aparecen en el catálogo de una plataforma.

Una fórmula tan gastada que la propia película la reconoce

Lo más curioso de ‘Hermanitos’ es que parece plenamente consciente de estar reciclando una estructura narrativa que Hollywood lleva décadas utilizando. De hecho, algunos personajes vinculados a la industria televisiva verbalizan de manera indirecta lo evidente: la historia funciona porque enfrenta a dos polos opuestos condenados a compartir espacio ofreciendo una catástrofe tras otra.

John Cena interpreta al clásico hombre que ha construido una vida perfecta a base de tesón y presión así mismo. Frente a él aparece Eric André encarnando a una fuerza de la naturaleza incapaz de respetar normas, límites o convenciones sociales. La vida cuidadosamente diseñada del primero empieza a derrumbarse cuando el segundo reaparece de forma inesperada.

La película encuentra además un filón cómico en la sátira del propio negocio del entretenimiento. Como sucede cada vez con más frecuencia en la comedia contemporánea, los villanos no son mafiosos ni políticos corruptos, sino ejecutivos, productores y creadores de contenido desesperados por encontrar el siguiente fenómeno viral. O incluso podríamos decir que el villano es la propia sociedad que impone en las redes sociales la imagen del éxito. No es una crítica especialmente afilada, pero sí retrata nuestra actualidad más allá de plantear únicamente una sucesión de situaciones embarazosas.

Eric André y John Cena juegan exactamente el partido que esperas

El principal atractivo del filme reside en sus protagonistas. La elección de John Cena y Eric André resulta tan lógica que sorprende que hayan tardado tanto en coincidir en una producción de este tipo.

Cena lleva años demostrando una inesperada capacidad para funcionar como contrapunto cómico. Aquí asume precisamente ese papel, alejándose del personaje extravagante para convertirse en el hombre razonable atrapado en una pesadilla cotidiana. El propio actor ha señalado que esta era una oportunidad para mostrar una faceta más vulnerable y menos explosiva de lo habitual.

Por su parte, Eric André hace exactamente aquello que el público espera de él. Su personaje está construido alrededor del anti-humor, la incomodidad y el absurdo. No alcanza las cotas de anarquía de ‘The Eric Andre Show’, pero conserva suficientes elementos de ese estilo para que el espectador reconozca inmediatamente su sello. Estamos ante una interpretación basada en la ausencia total de sentido del ridículo, algo que encaja perfectamente con un actor que ha hecho carrera convirtiendo el caos en una forma de expresión cómica. Aunque la película nunca llega a descontrolarse por completo, sí transmite la impresión de que cualquier escena puede derivar en algo inesperado. Se masca constantemente la catástrofe.

Una comedia para una tarde, no para el recuerdo

‘Hermanitos’ pertenece a una categoría cada vez más habitual: la de las producciones diseñadas para consumir rápidamente en streaming. No aspira a convertirse en una referencia generacional. Su objetivo es mucho más modesto. Es una comedia verde, soez en varios momentos y claramente orientada a un público adulto. No debe confundirse con una película familiar pese a que la palabra “hermanitos” pueda sugerir lo contrario.

Todo esto no significa que carezca de encanto. Cuando Cena y André comparten pantalla, la maquinaria funciona. El problema es que la película sigue un manual tan reconocible que rara vez consigue sorprender. Todo ocurre exactamente como uno imagina salvo por el personaje de Chrisopher Meloni que pega un timonazo con respecto a lo que nos hacen pensar al comienzo que sería su línea argumental.

Ficha de ‘Hermanito’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Little brother. Duración: 100 min. País: EE.UU. Dirección: Matt Spicer. Guion: Andrew Mogel, Jarrad Paul. Música: Dan Deacon. Fotografía: Brandon Trost. Reparto principal: John Cena, Eric André, Michelle Monaghan, Chrisopher Meloni. Producción: Middle Child Pictures, Netflix Studios, The District. Distribución: Netflix. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Nino’

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La fragilidad de una juventud que se cree inmortal

La ópera prima de Pauline Loquès parte de una premisa sencilla y devastadora. Nino acaba de cumplir 29 años cuando recibe una noticia que altera por completo el mapa de su existencia: padece un cáncer de garganta derivado de una infección por virus del papiloma humano que nunca fue tratada. A partir de ese momento, el protagonista dispone de apenas unos días antes de iniciar el tratamiento médico, una semana suspendida en el tiempo durante la que intenta reconectar con las personas importantes de su vida.

Loquès construye la película como una deriva emocional por las calles de París, siguiendo a un personaje incapaz de asimilar completamente lo que le está ocurriendo. La película está llena de una angustia existencial tratada con sensibilidad contemporánea. Aquí no encontramos grandes discursos sobre la muerte, sino conversaciones aparentemente cotidianas que terminan derivando hacia cuestiones metafísicas: qué hemos hecho con nuestra vida, qué quedará de quienes fuimos y qué sentido tiene proyectar un futuro cuando este acaba de volverse incierto.

La elección de la enfermedad no es aleatoria. Que el detonante sea un cáncer relacionado con el virus del papiloma humano no resulta gratuito. En una época en la que buena parte de la juventud parece escasamente concienciada sobre las enfermedades de transmisión sexual y donde la pornografía de Internet condiciona cada vez más la percepción de la sexualidad, resulta pertinente que una película recuerde que determinadas consecuencias siguen existiendo. Sin caer en el discurso moralizante, ‘Nino’ introduce una reflexión necesaria sobre la vulnerabilidad del cuerpo y sobre la falsa sensación de invulnerabilidad que acompaña a muchos jóvenes adultos.

Entre el realismo emocional y el exceso dramático

La interpretación de Théodore Pellerin sostiene prácticamente todo el recorrido narrativo. Su Nino es un hombre paralizado por el impacto de la noticia, incapaz de comunicarla con claridad a quienes le rodean. El actor trabaja desde los gestos mínimos y las vacilaciones, componiendo un personaje que parece vivir permanentemente unos segundos por detrás de la realidad.

Sin embargo, la película no siempre encuentra el equilibrio adecuado entre contención y acumulación dramática. En medio de ese recorrido de reencuentros y confesiones, uno de los conocidos de Nino atraviesa también un problema médico importante. Es aquí donde el relato empieza a mostrar ciertas costuras. Lo que hasta entonces funcionaba como una observación sensible de la fragilidad humana adquiere por momentos un tono excesivo. Como suele decirse, parece que alguien pone un circo y le crecen los enanos. La película resulta más poderosa cuando se limita a observar que cuando intenta subrayar el sufrimiento.

Un retrato generacional cercano a Zerocalcare, pero sin humor

Más allá del cáncer o de la cercanía de la muerte, ‘Nino’ acaba siendo un retrato bastante preciso de la juventud contemporánea. Los personajes viven rodeados de amigos, mensajes y conexiones permanentes, pero les cuesta enormemente comunicarse de verdad. Hablan mucho y expresan poco. Están presentes físicamente, aunque emocionalmente parezcan ausentes.

En ese sentido, el filme recuerda bastante a los trabajos de Zerocalcare, aunque desprovistos de sus mecanismos humorísticos. Existe la misma mirada sobre una generación marcada por la incertidumbre, la precariedad emocional y la dificultad para construir vínculos sólidos. La diferencia es que Loquès elimina casi cualquier válvula de escape cómica y apuesta por una sensibilidad más melancólica.

La directora demuestra además una notable capacidad para capturar la ciudad como estado mental. París aparece como un espacio de tránsito donde cada encuentro casual puede convertirse en una pequeña revelación. La cámara acompaña a Nino en su búsqueda de respuestas sabiendo que probablemente no las encontrará.

Ficha de ‘Nino’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Nino. Duración: 96 min. País: Francia. Dirección: Pauline Loquès. Guion: Pauline Loquès, Maude Ameline. Fotografía: Lucie Baudinaud. Reparto principal: Théodore Pellerin, William Lebghil, Salomé Dewaels, Jeanne Balibar. Producción: Blue Monday, France 2 Cinéma, Ciné+OCS, Disney+, France Télévisions, CNC, La Région Île-de-France, Distribución: Surtsey Films. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Supergirl’

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Adapta con acierto el cómic de Tom King, aunque pierde parte de su magia

Después del nuevo Superman, el universo DC vuelve a apostar por una adaptación sorprendentemente fiel a las viñetas. ‘Supergirl’, dirigida por Craig Gillespie, toma como base el extraordinario cómic ‘Supergirl: Woman of Tomorrow’ de Tom King y Bilquis Evely y, aunque introduce modificaciones importantes, mantiene intacto aquello que convertía a aquella obra en algo especial: una mezcla de space ópera, relato de iniciación, tragedia y western de venganza con ecos de ‘Valor de ley’.

Lo primero que llama la atención es que la película no pierde tiempo. Apenas cinco minutos bastan para poner en marcha la historia antes de lanzarnos de lleno a la aventura. Los flashbacks llegarán después para completar el retrato emocional de Kara Zor-El, pero la narración tiene una vocación claramente directa y eficaz.

Además, esta no es la Supergirl que muchos espectadores recuerdan de la versión de 1984 protagonizada por Helen Slater. Aquí nos encontramos con una kryptoniana mucho más cercana al espíritu del Hancock de Will Smith. La veréis orinando, sufriendo resacas, sangrando y repitiendo errores. Es una heroína que conserva una sólida brújula moral, pero que está lejos de la imagen tradicionalmente angelical e inocente. La explicación tiene sentido dentro del propio universo DC. Kara vivió experiencias traumáticas que Superman jamás tuvo que soportar, observando la destrucción de todo lo que conocía antes de llegar a la Tierra. Esa carga emocional impregna las decisiones del filme y ayuda a justificar un carácter áspero, irreverente y profundamente cansado del mundo.

Entre la fidelidad al cómic y unas concesiones discutibles

La mayor satisfacción para cualquier lector de la obra original es comprobar que la trama principal sigue siendo esencialmente la misma. Ruthye continúa siendo el corazón emocional del relato y la persecución de Krem mantiene esa estructura itinerante que convierte la historia en un viaje físico y moral.

Sin embargo, también es donde aparecen las principales diferencias. La primera tiene que ver con los planetas que visitan las protagonistas. En el cómic, cada parada aportaba personalidad propia, imaginación visual y un nuevo matiz a la relación entre ambas. Era un despliegue constante de creatividad que por otro lado hacía crecer la tensión dramática. La película conserva parte de esa esencia, pero reduce considerablemente la riqueza y variedad de aquellos escenarios. Por otro lado el tratamiento estético ha cambiado notablemente y donde antes había tintes medievales e incluso un caballo ahora hay naves espaciales por doquier y una gran cantidad de extraterrestres feos.

La segunda modificación afecta al desenlace. Sin entrar en spoilers, funcionaba mejor el golpe final del cómic. Allí resultaba perfectamente calculado, mucho más emotivo y en la línea de la personalidad de las protagonistas. El largometraje mantiene de soslayo la intención pero al disponer de un epílogo tan corto como su prólogo se ha suprimido aquello que Tom King ideó para la conclusión.

También encontramos como novedad la incorporación de Lobo, una presencia inexistente en la obra de King y Evely. Sobre el papel podría parecer una concesión comercial y así es, pero además su integración resulta razonablemente natural siendo como es un cazarrecompensas y además sirve para aportar energía en momentos concretos.

Las peleas que son más palizas que peleas

Otro aspecto que seguramente volverá a dividir al público es algo que ya ocurrió con ‘Superman’: Kara recibe una cantidad considerable de palizas. Hay espectadores que siguen esperando personajes prácticamente invulnerables y eso lo tendrán en ‘Supergirl’. Pero va precedido de derrotas que lejos de estar injustificadas tienen una razón narrativa. Ningún golpe es gratuito. Cada vez que Kara muerde el polvo existe una justificación dramática o estratégica detrás. La película entiende perfectamente que la invencibilidad es una herramienta narrativa mucho menos interesante que la vulnerabilidad y que además, como habéis visto en el tráiler, esta puede ser voluntaria.

Milly Alcock sostiene una película disfrutable

Aunque a que a muchos les pese Milly Alcock encarna bien la Supergirl en la que se basa. La actriz ha captado la esencia del personaje creado por King y Evely, pero además incorpora elementos que parecen heredados directamente de ‘Yo, Tonya’, probablemente la obra más conocida de Craig Gillespie. Su Kara es descarada, grosera, impulsiva y sarcástica, pero también profundamente empática cuando la situación lo requiere. Sin llegar a serlo del todo hay momentos en el que roza la esencia del antihéroe.

Ese equilibrio entre drama y acción sostiene buena parte del metraje, sin abusar de la comedia y sin hacer colindar el filme con ‘Guardianes de la Galaxia’. Alcock funciona especialmente bien cuando la película explora el peso del legado kryptoniano y las heridas emocionales que arrastra la protagonista. Alcock consigue que la dureza exterior nunca oculte completamente la fragilidad interior.

Sin olvidar a James Gunn

Ya no es que David Corenswet esté presente, es que también lo están los momentos musicales tan característicos del universo de Gunn. Esta película es un híbrido de directores como ya se auguraba. Pero esos instantes de acción y música popular no siempre terminan de encajar. De hecho, curiosamente, es cuando aparece Jason Momoa como Lobo cuando mejor funcionan. Y no es casualidad.

Momoa expresó durante años públicamente su deseo de encarnarlo y resulta inevitable pensar que quizá este era el papel que debía haber interpretado desde el principio en DC, incluso con Zack Snyder. Su participación es más extensa de lo que muchos lectores del cómic podían esperar y aunque su función dentro de la trama principal es anecdótica, cada aparición aporta carisma, humor y una inyección de energía muy necesaria. En más de una ocasión consigue levantar secuencias enteras simplemente con su presencia.

Ficha de ‘Supergirl’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Supergirl. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Craig Gillespie. Guion: Oren Uziel, Ana Nogueira. Música: Claudia Sarne. Fotografía: Rob Hardy. Reparto principal: Milly Alcock, Eve Ridley, Matthias Schoenaerts, David Corenswet. Producción: DC Studios, The Safran Company, Troll Court Entertainment. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: ciencia ficción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Los hombres de musgo’

La leyenda que sigue respirando bajo el asfalto de Béjar

Hay tradiciones que sobreviven porque la historia las sostiene. Otras permanecen porque la comunidad decide seguir creyendo en ellas, independientemente de que existan documentos capaces de demostrar cada detalle de su origen. ‘Los hombres de musgo’, el documental dirigido por Juan Carlos Verona, se sitúa precisamente en ese territorio donde la historia, la memoria colectiva y la identidad cultural se entrelazan hasta resultar inseparables.

El cortometraje de Verona aborda una de las tradiciones más singulares de la ciudad salmantina de Béjar: la de los Hombres de Musgo, figuras cubiertas completamente por vegetación que cada año desfilan por la ciudad coincidiendo con las celebraciones del Corpus Christi y que, según la leyenda popular, remiten a la recuperación de la ciudad por parte de los bejaranos en el siglo XII.

Lo interesante es que el documental no adopta una postura dogmática. No pretende demostrar la veracidad absoluta de la leyenda ni desmontarla. Al contrario, abre un espacio para el diálogo entre distintas voces. Historiadores, investigadores y vecinos participan en una reflexión colectiva que va mucho más allá de la mera reconstrucción del pasado. La pregunta que plantea la película no es únicamente qué ocurrió, sino qué significa hoy seguir contando esta historia.

Como espectador criado en Béjar, y habiendo participado como el resto de mi familia en esta tradición vistiendo el característico traje de musgo, resulta imposible contemplar el documental desde una posición completamente distante. Sin embargo, precisamente esa cercanía permite apreciar uno de los mayores logros de Verona: su capacidad para capturar aquello que los bejaranos reconocen inmediatamente cuando observan a los Hombres de Musgo. No se trata únicamente de una representación festiva. Es una expresión de pertenencia.

La frontera entre la leyenda y la historia

Uno de los aspectos más inteligentes del documental es la forma en que aborda las incertidumbres históricas. La versión resumida de la leyenda sería que un grupo de guerreros cristianos se cubrió de musgo para infiltrarse en una Béjar bajo dominio musulmán y facilitar su conquista. La historia ha sido repetida durante generaciones y forma parte inseparable del imaginario local.

Sin embargo, el propio documental recoge las dudas existentes. En Béjar no todos aceptan la leyenda como un hecho histórico demostrado. Algunos de los participantes recuerdan la ausencia de fuentes contemporáneas que permitan verificar los acontecimientos tal y como se narran tradicionalmente. Es algo que el tiempo ha ido moldeando como parte del ADN bejarano a la vez que se ha ido diluyendo su posible vertiente real. Igual que se ha perdido la conexón de Béjar con la misión de El Álamo en Texas, en una zona conocida entonces como San Antonio de Béxar, poblada por bejaranos y migrantes de Salamanca, pero esa es otra historia.

Si nos ceñimos a lo histórico tampoco hay documentos (que yo sepa) que detallen la salida de los musulmanes de Béjar. Esa incertidumbre acaba convirtiéndose en una de las mayores bazas, no solo para el documental, también para toda una comarca. Lejos de presentar respuestas cerradas, Verona comprende que las leyendas cumplen una función cultural que trasciende su exactitud factual. Son relatos que ayudan a las comunidades a explicarse a sí mismas. El cortometraje habla tanto del presente como del pasado. El documental hace dialogar constantemente ambos tiempos. De las murallas medievales y las mentalidades del siglo XII saltamos a la Béjar contemporánea, una ciudad marcada por la desaparición de buena parte de su tejido industrial, atravesada por automóviles, comercios y nuevas realidades sociales.

Una fotografía que roza lo fantástico sin abandonar la realidad

Si hay un apartado donde el documental destaca especialmente es en su propuesta visual, con bastante carga emocional y materializando ese cruce de tiempos que mencionaba antes. Se maneja una sensibilidad notable para encontrar imágenes que transforman los paisajes conocidos de Béjar en escenarios cargados de misterio. Los bosques, las piedras, la humedad de la vegetación y los propios trajes cubiertos de musgo generan una atmósfera que por momentos parece acercarse a las corrientes contemporáneas del fantástico rural.

Entiéndase, no me refiero al resucitado concepto del folk horror. El documental nunca busca provocar inquietud ni construir una amenaza asociada a la tradición. Tampoco existe esa confrontación entre modernidad y paganismo tan habitual en el género. Sin embargo, sí comparte con determinadas obras del fantástico actual una fascinación por la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Los Hombres de Musgo aparecen como figuras casi espectrales surgidas del paisaje. Durante algunos planos, la frontera entre persona y entorno desaparece por completo. La tradición deja entonces de percibirse como una simple recreación histórica para convertirse en una manifestación visual de la conexión entre comunidad, territorio y memoria. El resultado es un documental que consigue algo poco habitual: convertir una celebración profundamente local en una reflexión universal sobre la construcción de la identidad colectiva.

Ficha de ‘Los hombres de musgo’

Estreno en España: 2026. Título original: Los hombres de musgo. Duración: 14 min. País: Dirección: Juan Carlos Verona. Guion: Juan Carlos Verona. Música: Daniel Vildósola. Fotografía: Juan Carlos Verona. Reparto principal: Jose Muñoz, Alejandro Romero, Gel Borrajo, Manuel Gallego. Producción: Los Verona. Distribución: Selected Films Distribution. Género: Web oficial.

Crítica: ‘Maridos en acción’

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Catástrofe criminal en una buddy movie a tres bandas

Netflix estrena una nueva película coreana, en esta ocasión dirigida por Gyu-tae Park, un desconocido en nuestras fronteras. Esta película arranca de una forma bastante engañosa. La primera imagen nos presenta de un modo un tanto terrorífico a un preso cubierto de tatuajes con fórmulas matemáticas y extrañas ecuaciones que parecen prometer una conspiración compleja, secretos ocultos o algún tipo de rompecabezas criminal digno de ‘Prison Break’. Sin embargo, a medida que la historia avanza descubrimos que esas expectativas estaban destinadas a estrellarse contra una realidad muy distinta. Los misteriosos tatuajes apenas tienen relevancia narrativa. Y eso no es un defecto ni un engaño deliberado, sino una declaración de intenciones. ‘Maridos en acción’ no es un thriller. Tampoco pretende ser un drama criminal sofisticado. Es una comedia de acción desenfadada, bobalicona y consciente de su propia ligereza.

La propuesta de Gyu-tae Park se sitúa claramente dentro de la tradición de las buddy movies norteamericanas. Es fácil encontrar ecos de producciones en las que personajes incompatibles se ven obligados a colaborar mientras sobreviven a persecuciones, criminales y situaciones ridículas. En el contexto del cine surcoreano contemporáneo, probablemente se acerque más al tipo de entretenimiento popular asociado a los filmes protagonizados por Ma Dong-seok, aunque aquí la balanza se inclina mucho más hacia la comedia que hacia la acción.

Tres maridos, un enredo criminal y mucho humor absurdo

La principal diferencia respecto a la fórmula clásica reside en que no tenemos una pareja protagonista enfrentada a sus diferencias, sino un trío de personajes obligados a colaborar. La película construye su motor narrativo alrededor de tres maridos atrapados en una trama criminal que amenaza no solo su tranquilidad personal y legal, sino también la seguridad de sus respectivas esposas.

Lo interesante es que, pese a que el argumento podría sugerir una historia dominada por la testosterona, el filme evita glorificar a sus protagonistas. Todo lo contrario. Los tres están retratados desde la torpeza, la fragilidad y el ridículo constante. Son hombres que intentan parecer competentes mientras la realidad se empeña en demostrar exactamente lo contrario.

El personaje que mejor funciona es el interpretado por Jin Seon-kyu. Su presencia resulta decisiva para mantener el interés incluso cuando la historia cae en excesos humorísticos discutibles. Su personaje vive instalado en una especie de optimismo permanente, un auténtico chorro de serotonina ambulante que afronta con una sonrisa situaciones que harían perder la paciencia a cualquiera. Está separado de su esposa, mantiene una relación sin custodia con su hija y debe enfrentarse a criminales peligrosos. Pero, curiosamente, su principal fuente de frustración parece ser la existencia del nuevo marido de su exmujer.

Ese nuevo esposo, interpretado por Gong Myoung, aporta una energía completamente distinta. Veterinario de profesión y aficionado a los deportes de riesgo, representa una juventud impulsiva que choca continuamente con la experiencia del protagonista. A ellos se suma el personaje interpretado por Kim Ji-suk, un delincuente cibernético con una actitud burlona que termina convirtiéndose en una pieza fundamental dentro del grupo.

Una comedia entre el crimen digital y los delincuentes de la vieja escuela

Aunque la película jamás abandona su tono ligero, introduce de forma interesante un contraste entre distintas formas de criminalidad. Por un lado aparecen delincuentes modernos que operan a distancia, aprovechan la tecnología y carecen de cualquier escrúpulo. Por otro encontramos criminales de la vieja escuela, vinculados a códigos de honor bastante discutibles, extorsiones tradicionales y métodos más directos.

No es una reflexión profunda sobre la evolución del crimen organizado, pero sí un elemento que aporta algo de personalidad a una trama que, por momentos, podría haberse limitado a encadenar persecuciones y gags. Mezclando esto la película consigue tener ritmo y rara vez se detiene demasiado tiempo en una misma situación. Cuando un chiste deja de funcionar, llega una nueva secuencia de acción. Cuando la acción amenaza con repetirse, aparece otra situación cómica. Esta estructura evita que el metraje se vuelva pesado, aunque también provoca que algunos momentos carezcan de verdadero peso dramático.

Entre los doramas cómicos y el espíritu de ‘Taxi’

El mayor problema de ‘Maridos en acción’ reside en la naturaleza de su humor. Muchas escenas abrazan una comicidad extremadamente infantil. Gestos exagerados, reacciones sobreactuadas y situaciones cercanas al slapstick dominan buena parte de la experiencia. Habrá espectadores que conecten inmediatamente con este tono, mientras que otros probablemente encuentren algunas secuencias demasiado estridentes.

Sin embargo, sería injusto criticarla por algo que forma parte esencial de su identidad. El humor que despliega conecta directamente con ciertas comedias televisivas surcoreanas y con el espíritu desenfadado de numerosos doramas. También recuerda notablemente a producciones francesas como ‘Taxi’ o a las comedias de Philippe Lacheau, donde la sofisticación narrativa importa mucho menos que la capacidad para encadenar situaciones absurdas y personajes entrañablemente incompetentes.

Ficha de ‘Maridos en acción’

Estreno en España: 19 de junio de 2026. Título original: Nampyeondeul. Duración: 107 min. País: Corea del Sur. Dirección: Gyu-tae Park. Guion: Gyu-tae Park, Kim Jong-hyeon. Reparto principal: Jin Seon-kyu, Gong Myoung, Kim Ji Suk, Yoon Kyung-ho, Kang Han-na, Lee Da-hee, Jeon So Min. Producción: TPS Company. Distribución: Netflix. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Un talento único’

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Entre pianos y delitos: la inesperada armonía de ‘Un talento único’

Daniel Roher se ganó un nombre dentro del documental gracias a trabajos incómodos, tensos y profundamente ligados a la realidad. Por eso resulta especialmente interesante verlo dar el salto a la ficción con ‘Un talento único’, una propuesta que mezcla thriller criminal, romance urbano, comedia ligera y una pizca de drama humano sin pretender revolucionar ni brillar especialmente en ninguno de esos géneros.

Su título original, ‘Tuner’, resulta mucho más revelador que la traducción española. No solo hace referencia al oficio del protagonista, afinador de pianos, sino también a esa capacidad extraordinaria que posee para identificar sonidos con una precisión casi sobrenatural. La película vincula esa habilidad con la hiperacusia, una sensibilidad auditiva extrema que convierte el ruido cotidiano en una experiencia agotadora y que aquí termina funcionando como el motor de toda la trama.

La premisa tiene algo de cuento moderno. Un joven atrapado en una existencia rutinaria descubre que aquello que parecía una maldición puede convertirse en un talento excepcionalmente lucrativo. Y como ocurre en tantas historias de ascenso y caída, el verdadero problema no es el don, sino el camino que decide tomar para aprovecharlo.

Un reparto intergeneracional que sostiene toda la película

Hay algo que Hollywood lleva haciendo décadas porque funciona: mezclar veteranos con intérpretes jóvenes en ascenso. No es únicamente una cuestión económica. También aporta una credibilidad inmediata a las relaciones de maestro y aprendiz que aparecen en pantalla.

‘Un talento único’ explota precisamente esa dinámica. Leo Woodall confirma que atraviesa uno de los momentos más interesantes de su carrera. Su Niki es un personaje introvertido, talentoso y permanentemente incómodo con el mundo que le rodea. La hiperacusia no se presenta como un superpoder cinematográfico al uso (aléjense los fans de Daredevil) sino como una condición que condiciona cada aspecto de su existencia.

Junto a él aparece Dustin Hoffman, cuya mera presencia aporta humanidad y experiencia. La relación entre ambos constituye el corazón emocional de la película. Más allá de los robos, los secretos o los giros argumentales, Roher entiende que el verdadero interés está en observar cómo estos dos personajes se construyen mutuamente.

El reparto secundario también suma valor. Havana Rose Liu tiene mucho más peso narrativo del que podría sugerir la promoción. Su personaje aporta la dimensión romántica de una historia que, por momentos, recuerda a esos relatos neoyorquinos donde las conexiones personales son tan importantes como la trama principal.

Más llamativo resulta el caso de Jean Reno. Su nombre aparece destacado en algunos carteles y, sin embargo, su participación es bastante limitada. No es una mala interpretación ni mucho menos, su presencia siempre se agradece, pero el marketing me había creado otras expectativas.

Un thriller construido alrededor del sonido

Si hay un apartado donde Daniel Roher demuestra personalidad es en el tratamiento del sonido. No resulta extraño que un director acostumbrado a observar la realidad con detalle encuentre aquí una herramienta narrativa tan poderosa.

No es una película con una edición de sonido especialmente brillante ni hace que el espectador escuche el mundo de un modo especial. Pero bien avanzada la cinta te das cuenta de que oyes el entorno de la misma manera que lo hace Niki. Con ello tenemos determinadas secuencias capaces de generar incomodidad deliberada. No se trata de un recurso efectista, sino de una forma de introducirnos dentro de la percepción del protagonista.

La idea central posee además una elegancia conceptual muy atractiva. Un afinador de pianos descubre que la misma sensibilidad auditiva que utiliza para trabajar puede servirle para abrir cajas fuertes. Por momentos, la película recuerda a esas historias sobre individuos brillantes atrapados en vidas aparentemente corrientes. Personas que esconden una capacidad extraordinaria bajo una rutina gris hasta que una decisión equivocada altera por completo su trayectoria.

Ligera, entretenida y más emotiva de lo que aparenta

‘Un talento único’ no pretende convertirse en el gran thriller criminal del año. Tampoco aspira a revolucionar el cine romántico ni a ofrecer una reflexión profunda sobre la condición humana. Su ambición es más modesta y, precisamente por eso, funciona.

Estamos ante una película ligera, agradable y muy consciente de sus fortalezas. Combina romance neoyorquino, suspense policial y una pizca de comedia blanca con bastante naturalidad. Cuando la trama criminal se vuelve previsible, los personajes mantienen vivo el interés. Cuando el romance amenaza con caer en lugares comunes, la buena dinámica entre los actores lo rescata.

‘Un talento único’ termina siendo exactamente lo que promete: una historia sobre una vida aparentemente ordinaria que esconde algo brillante y que acaba torciéndose cuando su protagonista decide caminar por el sendero equivocado. Haciendo el símil pianístico sabe tocar las teclas adecuadas para dejar una impresión agradable y, en ocasiones, sorprendentemente emotiva.

Ficha de ‘Un talento único’

Estreno en España: 12 de junio de 2026. Título original: Tuner. Duración: 109 min. País: Canadá. Dirección: Daniel Roher. Guion: Robert Ramsey, Daniel Roher. Música: Marius De Vries, Will Bates. Fotografía: Lowell A. Meyer. Reparto principal: Leo Woodall, Havana Rose Liu, Lior Raz, Jean Reno, Dustin Hoffman. Producción: Black Bear, Elevation Pictures, English Breakfast Productions. Distribución: Diamond Films. Género: suspense. Web oficial.

Crítica: ‘El día de la revelación’

En qué plataforma ver El día de la revelación

Un thriller ufológico que conecta con la paranoia contemporánea y el Spielberg más aventurero

Si nos fijamos en la escala original de J. Allen Hynek, Steven Spielberg nos hizo pasar por la tercera fase con ‘Encuentros en la tercera fase’ y pasamos por la cuarta con ‘E.T. El extraterrestre’ o ‘La guerra de los mundos’. Han pasado más de dos décadas desde aquella adaptación de la novela de H. G. Wells y ahora con ‘El día de la revelación’ nos mete de lleno en lo que se considera quinta fase. El cineasta demuestra que su fascinación por la vida más allá de nuestro planeta sigue intacta. Sin embargo, esta vez el interés no está tanto en los visitantes como en nosotros mismos y en nuestra relación con la verdad.

La premisa resulta especialmente pertinente en una época marcada por las teorías de la conspiración, las campañas de desinformación, las llamadas cortinas de humo y una creciente desconfianza hacia las instituciones, compuestas por personas falibles y/o megalómanas. ‘El día de la revelación’ es una película diseñada para alimentar la imaginación de cualquier aficionado a la ufología. Expedientes ocultos, agencias secretas, intereses corporativos y secretos guardados durante décadas forman parte de una historia que parece dialogar constantemente con los debates que han rodeado en los últimos años la desclasificación de documentos sobre fenómenos aéreos no identificados en Estados Unidos.

Es inevitable pensar en la actualidad política norteamericana. La sombra de Donald Trump sobrevuela la película de forma indirecta, no por referencias concretas sino porque el debate sobre los archivos ufológicos y la transparencia gubernamental ha terminado formando parte de la conversación pública estadounidense. Spielberg y David Koepp construyen un relato que se pregunta quién controla la información y quién decide cuándo una sociedad está preparada para conocerla. Recordemos que Koepp ha tocado ligeramente el tema en la comedia recientemente estrenada ‘Turno de noche’.

En su primer acto. Spielberg adopta una narrativa fragmentada que distribuye las piezas del puzle poco a poco. El misterio funciona, la intriga crece y el espectador siente que se encuentra ante una revelación de proporciones históricas. Además, la película recupera algunos de los elementos visuales y temáticos que han definido la ciencia ficción del director durante décadas. La película podría funcionar como culminación con el género mucho mejor que ‘Super 8’, la cual produjo para J.J. Abrams, desde luego es más digna de considerarse secuela de ‘E.T.’. Esta referencia la traigo muy a propósito ya que este nuevo filme tiene sobredosis de destellos, algo mucho más característico de la filmografía de J.J. Abrams.

Entre ‘Minority Report’, ‘Indiana Jones’ y los ecos de una filmografía legendaria

Aunque la película gira alrededor de los extraterrestres, en muchos momentos recuerda más a ‘Minority Report’ que a ‘Encuentros en la tercera fase’. Hay persecuciones, organismos con poderes casi ilimitados, protagonistas que perciben una amenaza invisible y una sensación constante de vigilancia.

Spielberg introduce además pequeños guiños a su propio legado cinematográfico. La aventura está presente en cada secuencia. Hay guiño a ‘Indiana Jones’ e incluso a ‘Los Goonies’ (película que produjo y que estuvo muy cerca de dirigir). Curiosamente, pese a tratarse de una obra tan identificable dentro de su universo creativo, aquí no encontramos ni niños protagonistas ni bicicletas BMX.

El principal problema aparece en el tramo central. Con una duración considerable, la historia entra en una fase donde la investigación inicial deja paso a una larga persecución. Es cierto que el guion necesita administrar información y resolver múltiples interrogantes, pero el interés se va perdiendo en cuanto nos olemos el misterio. Algunas secuencias transmiten una extraña sensación de parsimonia, como si los personajes dispusieran de más tiempo del que realmente deberían tener o como si los perseguidores no quisiesen culminar su captura. No llega a romper la implicación emocional del espectador, pero sí reduce parte del impulso conseguido durante el arranque.

También resulta algo decepcionante la aproximación a la dimensión espiritual del relato. Durante varios momentos parece que Spielberg pretende establecer un diálogo entre religión, fe y vida extraterrestre. La idea está ahí, verbalizada en varias escenas, pero nunca termina de desarrollarse con profundidad. El resultado es una reflexión interesante aunque superficial, especialmente para una película que podría aspirar a explorar cuestiones mayores viniendo de quien viene. Quizás el éxito y la perdurabilidad de Spielberg en la industria se debe en parte a no mojarse nunca del todo con cuestiones que no son populares o son delicadas.

Un desenlace emotivo que encuentra humanidad en medio de la revelación

Donde Spielberg vuelve a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes narradores del cine contemporáneo es en el desenlace. El último tramo resulta profundamente emotivo y sorprendentemente plausible. Sin entrar en spoilers, el director opta por una resolución que busca menos el espectáculo y más la reacción humana ante un acontecimiento imposible.

Sin desmerecer a los protagonistas, Emily Blunt, Josh O’Connor, Colman Domingo y Colin Firth, en este sentido destaca especialmente el trabajo de Courtney Grace. Aunque sobre el papel tiene un personaje de reparto, termina convirtiéndose en una de las presencias más verosímiles del conjunto. No puedo explicar exactamente por qué sin revelar el final, pero el guion le permite representar algo muy reconocible para cualquier espectador actual: la forma en que vivimos los acontecimientos colectivos a través de los medios de comunicación y de las figuras que los narran.

Hay además un detalle especialmente interesante. Mientras gran parte del cine comercial contemporáneo se obsesiona con preparar secuelas o expandir universos, ‘El día de la revelación’ parece más interesada en el impacto inmediato de su premisa. Paradójicamente, la película más arriesgada habría sido aquella que explorase las consecuencias del escenario planteado en sus últimos minutos. Ahí se encuentra una historia fascinante que Spielberg decide dejar fuera de campo.

Pese a algunos problemas de duración y a ciertas oportunidades desaprovechadas, el resultado final funciona. Porque cuando todo parece reducirse a conspiraciones, expedientes secretos y persecuciones gubernamentales, emerge la cualidad que siempre ha distinguido al director: su capacidad para provocar emociones genuinas. Puede que ‘El día de la revelación’ no alcance las cotas de sus clásicos inmortales, pero sí demuestra que Steven Spielberg sigue siendo capaz de mirar al cielo para hablarnos, en realidad, de nosotros mismos.

Ficha de ‘El día de la revelación’

Estreno en España: 12 de junio de 2026. Título original: Disclosure Day. Duración: 145 min. País: EE.UU. Dirección: Steven Spielberg. Guion: David Koepp, Steven Spielberg. Idea: Steven Spielberg. Música: John Williams. Fotografía: Janusz Kaminski. Reparto principal: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colman Domingo, Colin Firth, Eve Hewson, Wyatt Russell. Producción: Universal Pictures, Amblin Entertainment. Distribución: Universal Pictures. Género: ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘Backrooms’

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Backrooms es el triunfo de una generación colectivamente creativa

Durante años, Hollywood ha intentado capturar fenómenos nacidos en internet con resultados desiguales. Algunos se quedaron en curiosidades pasajeras y otros demostraron que detrás de ciertos fenómenos virales existía un imaginario colectivo capaz de trascender la pantalla del ordenador. Con ‘Backrooms’, el joven director Kane Parsons logra sacarle un partido de récord a lo que nació como un simple creepypastas que ni siquiera él comenzó.

El origen de los Backrooms es tan sencillo como fascinante. Todo comenzó con una fotografía publicada en 4Chan. Una imagen anodina de una tienda de muebles abandonada con paredes amarillentas y vacías. A esto le acompañó un usuario anónimo con una breve explicación inventada sobre un espacio infinito oculto tras la realidad. Aquellas reglas improvisadas hablaban de habitaciones interminables, luces fluorescentes y una sensación permanente de estar atrapado en un lugar que no debería existir. Las aportaciones de la comunidad de usuarios hicieron el resto, el lore creció y las Backrooms cobraron vida en el imaginario coelctivo.

Buena parte de la culpa de esa expansión la tuvo precisamente Kane Parsons. Mucho antes de que A24 apostara por él, sus vídeos de metraje encontrado inspirados en los Backrooms se habían convertido en un fenómeno viral. Ahora, con apenas veinte años, Parsons se convierte en el director más joven en estrenar una película bajo el sello de A24, un logro extraordinario que merece reconocimiento independientemente del resultado final de la obra.

Un laberinto entre ‘Exit 8’ y ‘La celda’

Lo de ‘Backrooms’ (como película) realmente no es algo nuevo. Su virtud radica en su capacidad para transmitir incomodidad. Parsons comprende qué funcionó en sus vídeos y aprovecha al máximo la sensación de aislamiento. Los personajes vagan por espacios interminables que parecen existir fuera del tiempo y de la lógica.

Resulta inevitable acordarse de ‘Exit 8’ teniendo tan cerca ese estreno. Ambas obras comparten personajes atrapados en lugares aparentemente infinitos, escenarios minimalistas, una sensación constante de repetición y la idea de un espacio que parece burlarse de las leyes de la realidad.

Sin embargo, la película también encuentra inesperados puntos de contacto con ‘La celda’, la obra de Tarsem Singh. No tanto por su estética, que es mucho más austera, sino por la dirección que toma su planteamiento psicológico. Lo que empieza como una exploración de un misterio abstracto termina convirtiéndose en una incursión por territorios mentales mucho más concretos. Y ahí aparece el principal problema del filme.

El gancho de los Backrooms residía en la ambigüedad. En el miedo a un lugar imposible que existía sin explicación. Parsons decide romper esa regla y ofrece una interpretación inédita del fenómeno. La película dedica una parte considerable de su metraje a desarrollar esa explicación, la intención es legítima, pero el resultado es discutible. Cuanto más explica la película, menos inquietante resulta.

Kane Parsons y el triunfo de una generación colectivamente creativa

Más allá de sus defectos, ‘Backrooms’ representa algo especialmente interesante dentro del panorama actual. Estamos ante una obra creada por alguien que pertenece exactamente al público al que se dirige. Kane Parsons no es un ejecutivo intentando interpretar tendencias juveniles. Es uno de los responsables directos de haberlas creado y consumido.

Por eso resulta tan significativo su éxito. Durante años se buscó repetir el impacto comercial que tuvo otro famoso creepypasta como Slenderman, pero los resultados nunca estuvieron a la altura del fenómeno original. En cambio, sí hemos visto cómo propuestas nacidas en internet o en las consolas lograban conectar con el público masivo, como ocurrió con ‘Five Nights at Freddy’s’ (recordemos que a día de hoy es la película de terror más taquillera de la historia en España).

‘Backrooms’ se suma a esa corriente. Y aunque algunos observadores tienden a asociar automáticamente juventud con superficialidad, la película demuestra que ambas cosas no tienen por qué ir unidas. Su rareza, su voluntad de incomodar y sus reflexiones están muy lejos de cualquier propuesta complaciente.

También resulta revelador observar quiénes han respaldado el proyecto. A24 detectó rápidamente el potencial de Parsons, pero no fue la única. Entre los productores figuran nombres tan representativos del terror contemporáneo como James Wan, Shawn Levy y Oz Perkins. La presencia de Wan resulta especialmente significativa. Al fin y al cabo, él mismo construyó buena parte de su carrera a partir de una idea modesta que terminó convirtiéndose en un fenómeno multimillonario con ‘Saw’. Es por ello que en cierto modo, hay que ver ‘Backrooms’ ya que representa una radiografía del terror contemporáneo. Puede que sus respuestas no estén a la altura de sus preguntas o que ni quiera las hayamos pedido, pero incluso cuando se equivoca demuestra una personalidad poco común.

Ficha de ‘Backrooms’

Estreno en España: 5 de junio de 2026. Título original: Backrooms. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Kane Parsons. Guion: Will Soodik, Kane Parsons, William Bromell. Música: Kane Parsons, Edo Van Breemen. Fotografía: Jeremy Cox. Reparto principal: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell. Producción: A24, 21 Laps Entertainment, Atomic Monster. Distribución: Elástica Films. Género: Web oficial.