Crítica: ‘Núremberg’

En qué plataforma ver Núremberg

Sinopsis

NÚREMBERG nos sitúa de pleno en los juicios celebrados hace 80 años por los Aliados tras la derrota del régimen nazi. El psiquiatra estadounidense Douglas Kelley (Rami Malek) es designado como responsable de evaluar la salud mental de los prisioneros y determinar si son aptos para ser juzgados por sus crímenes de guerra. De la noche a la mañana, Kelley se verá inmerso en una compleja batalla de ingenio contra Hermann Göring (Russel Crowe), mano derecha de Hitler y uno de los hombres más temibles que ha visto el mundo.

Crítica

Directa desde de nuestro pasado, la película de juicios más interesante de los últimos años

James Vanderbilt dirige ‘Núremberg’, la cual, emerge como una de esas obras que se atreven a enfrentar de manera directa la oscuridad absoluta de la historia. Su duración, cercana a las tres horas, podría intimidar a cualquier espectador contemporáneo acostumbrado al montaje vertiginoso del cine actual. Sin embargo, la película domina con precisión la tensión narrativa: va directa al grano, nunca deja de entretener y lo que resulta aún más estimulante, no abandona en ningún momento la reflexión ética y psicológica que la sustenta. Todo ello gracias a la base del libro de Jack El-Hai. Vanderbilt construye un relato que no se limita a revisitar los juicios que marcaron la posguerra, sino que profundiza en lo que significó sentar ante un tribunal a quienes encarnaron el mal más sistemático del siglo XX.

Uno de los interrogantes más fascinantes del filme surge de una estrategia que todos hemos visto (en la ficción y en la vida real) reproducirse casi como una fórmula: la del villano que busca escabullirse alegando enajenación mental, defensa propia o cualquier exención de responsabilidad que diluya sus crímenes. Parte del interés de la película reside en examinar cómo esa táctica fue empleada en los tribunales internacionales y hasta qué punto resulta lícito o siquiera posible mantener la objetividad cuando se juzga a un arquitecto del nazismo. ¿Puede el derecho, con su estructura racional, captar la dimensión monstruosa del genocidio? ¿Puede un profesional de la salud mental evaluar a un líder que construyó una maquinaria de muerte sin precedentes?

Es ahí donde surge el duelo central entre Russell Crowe, encarnando a un Hermann Göring temible y astuto y Rami Malek, en la piel del psiquiatra encargado de determinar la verdadera naturaleza psicológica del jerarca nazi. Vanderbilt articula entre ambos un enfrentamiento psicológico y legal que plantea el dilema esencial: ¿es Göring un oportunista capaz de disfrazar su ideología bajo el barniz del “patriotismo”, o un ser perfectamente consciente y carente de remordimientos, capaz de diseñar el exterminio de un pueblo? La película se adentra en ese juego de espejos, en ese ejercicio de hipocresía que recuerda que “la historia la escriben los vencedores”. En pantalla se sugiere de forma incisiva que, al mismo tiempo que se juzgaba a quienes levantaron campos de exterminio, otros actores del bando aliado justificaban bombardear con bombas atómicas y “defenderse” en territorio extranjero. Vanderbilt no lo plantea para relativizar, sino para incomodar: para recordarnos que la moral colectiva siempre opera en zonas grises.

Los juicios de Núremberg fueron la culminación de una búsqueda de justicia que, incluso hoy, parece insuficiente ante la magnitud del horror. No han pasado cien años y, sin embargo, a muchos jóvenes estas páginas de la historia les resultan casi arqueológicas. La película se vuelve inquietantemente actual cuando evidencia que la humanidad continúa asistiendo impasible a crímenes de guerra, incluso perpetrados por quienes en su día fueron víctimas. La frase que pronuncia el personaje de Michael Shannon: “ya no hay ninguna guerra local, todas son ya mundiales” funciona como un puente directo hacia nuestro presente, un recordatorio de que los conflictos y la expansión del odio se reproducen con nuevas máscaras. Lo más estremecedor es que la película recuerda que la incitación al odio puede anidar y pasar desapercibida en sociedades supuestamente civilizadas. De hecho, el psiquiatra interpretado por Malek terminó suicidándose en la vida real, deprimido y harto de advertir, incapaz de soportar la idea de que aquel veneno podría volver a propagarse sin que nadie reaccionara a tiempo.

Lo de Núremberg fue algo internacional y multitudinario. Es por ello que el elenco secundario es amplio y sostiene con solidez esta reconstrucción coral. Michael Shannon y Richard E. Grant aportan presencia, matices y pulso dramático. Resulta especialmente interesante el cruce actoral entre Crowe y Shannon, enfrentados aquí como villano y defensor de la justicia, invirtiendo los roles que compartieron en ‘El hombre de acero’, donde daban vida a Jor-El y al general Zod. Aun así, el gran protagonista es Rami Malek: su personaje ofrece un recorrido introspectivo que no solo analiza a los monstruos nazis, sino que examina el precio emocional y ético de mirar al abismo sin parpadear y sin pretender salir marcado por la experiencia.

‘Núremberg’ es una película arriesgada, incisiva y de una recuperación profundamente necesaria. No pretende cerrar heridas, sino recordarnos por qué se abrieron y por qué no deben olvidarse. Vanderbilt firma una obra que interpela tanto a la memoria colectiva como a la responsabilidad individual, y lo hace mediante un cine de ideas que, afortunadamente, no ha renunciado a interpelar a su público.

Ficha de la película

Estreno en España: 28 de noviembre de 2025. Título original: Nuremberg. Duración: 150 min. País: EE.UU. Dirección: James Vanderbilt. Guion: James Vanderbilt. Música: Brian Tyler. Fotografía: Dariusz Wolski. Reparto principal: Rami Malek, Russell Crowe, Leo Woodall, Michael Shannon, Richard E. Grant, Colin Hanks, John Slattery. Producción: Walden Media, Filmsquad, Mythology Entertainment, Széchenyi Funds. Distribución: DeAPlaneta. Género: drama, histórico. Web oficial: https://www.deaplaneta.com/es/nuremberg

Crítica de ‘El Pentavirato’

Mike Myers vuelve con su humor intacto, literalmente con el beneplácito de Netflix

Tras mucho tiempo poniendo voz a Shrek o haciendo breves apariciones como la de ‘Bohemian Rhapsody’ Mike Myers regresa a nuestras pantallas. Y este regreso se produce de un modo muy fiel a su estilo. Mientras prepara la cuarta entrega de ‘Austin Powers’ nos da un pequeño regalo con ‘El Pentavirato’. Una escueta comedia en forma de miniserie de seis episodios que ya se puede ver en Netflix.

En la línea de la serie animada, ‘Inside job’, que en España se ha llamado ‘Ultrasecretos’, nos cuenta las peripecias de una organización secreta que decide desde la sombra el destino del mundo. Un tinglado dirigido por cinco líderes de distinto origen, custodiados por una burla de la Guardia Suiza del Papa y cuyo saludo es el mismo gesto que hace el Gran Wyoming cuando menciona el nombre de ZP. Los puestos de liderazgo se han ido rotando entre diferentes personajes históricos desde la época de la peste y ahora los ostentan unos peculiares individuos. ‘El Pentavirato’ es la serie perfecta para los fans de ‘Austin Powers’ y para aquellos que se burlan de la inmensa cantidad de negacionistas y conspiranoicos que están saliendo a la luz en estos dos últimos años. El humor del autor de ‘Wayne’s World’ está intacto y lo usa para burlarse de temas como el Bigfoot, los masones, los reptilianos, la fluoración del agua… Y lo hace, literalmente, con el beneplácito de Netfix, atreveos a verla y veréis a qué me refiero.

Siguiendo su tradición, que es la misma que la de Eddie Murphy, Myers interpreta a varios personajes tras capas de maquillaje. Entre ellos a varios de los líderes del Pentavirato. Pero también a un anticuado y bonachón periodista canadiense (de la cadena CACA News, nombre original) que busca relanzar su carrera desenmascarando a la sociedad secreta. En esa empresa se topa con villanos o ricachones que residen en bases secretas, con muchos esbirros, con pintorescos y soeces personajes… Y lo hace riéndose más que nunca de su país, de lo fama de buenos que tienen los habitantes de Canadá, como en ‘South Park’. Por supuesto hay infinidad de chistes con palabrotas y juegos fáciles de palabras. La escena del billar es una de las suyas, tan memorable como las del cohete de ‘Austin Powers’.

Pero ‘El Pentavirato’ no es solo Mike Myers, aunque interpreta a unos ocho personajes. Tengo la impresión de que si fuese por él interpretaría a todo el reparto, pero eso sería costoso y fatigoso. Como siempre atrae a otros comediantes a su terreno. En esta ocasión se prestan a las alocadas aventuras del actor canadiense Keegan-Michael Key, Jeremy Irons, Ken Jeong, Lydia West, Rob Lowe, Maria Menounos… ‘El Pentavirato’ se hace muy divertida con todas esas apariciones, pero estoy seguro de que habría ganado muchísimo si en España hubiese contado con el doblaje de Florentino Fernández. También se hace algo “emotiva” cuando descubrimos que Myers hace un homenaje a los periodistas locales, en concreto a Glen Cochrane un querido periodista que narraba los sucesos de Toronto.