Demuestra que es imposible escapar de nuestro pasado, personal y cinematográfico
Hay remakes que se limitan a reproducir una obra conocida con nuevos rostros y una estética actualizada. Luego están aquellos que entienden que la mejor manera de revisitar un clásico consiste en dialogar con él. ‘Día de caza’, de Pedro Aguilera, pertenece claramente a esta segunda categoría. Inspirada de forma directa en ‘La caza’, una de las películas más importantes y celebradas de la filmografía de Carlos Saura, la nueva propuesta no pretende ocultar sus referencias ni disfrazar sus intenciones. Al contrario, las exhibe con orgullo para construir una obra que, siendo prácticamente idéntica en su estructura, termina adquiriendo una personalidad propia.
Aguilera juega de forma muy consciente con la memoria cinéfila del espectador. La película mantiene buena parte de los diálogos, las dinámicas y la progresión dramática del original de Saura. Sin embargo, no se trata de una copia vacía. El director comprende perfectamente qué elementos deben permanecer intactos y cuáles necesitan ser adaptados para dialogar con la sociedad contemporánea.
De hecho, una de las decisiones más inteligentes de la película es no convertir la actualización en un simple ejercicio de inversión de roles. La revisión no gira alrededor de cuestiones de género ni pretende demostrar que los conflictos cambian dependiendo del sexo de los personajes. Su interés es mucho más ambicioso. Lo que realmente le interesa a Aguilera es examinar cómo han cambiado las preocupaciones colectivas desde las puertas del tardofranquismo hasta la actualidad.
De la España de Saura a la crisis de representación contemporánea
La fuerza de ‘Día de caza’ no reside solo en un reparto envidiable y metidísimo en sus papeles compuesto por Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma y la joven Zoé Arnao. Reside precisamente en la capacidad para conectar dos épocas históricas muy diferentes y demostrar que determinadas fracturas humanas siguen permaneciendo intactas. No sé si las actrices han visto o no la película original, pero desde luego calcan a sus predecesores.
Cuando Carlos Saura y Angelino Fons escribieron ‘La caza’, España vivía bajo una dictadura y las tensiones sociales, políticas y generacionales impregnaban cada rincón de la narración. Pedro Aguilera y la guionista Lola Mayo trasladan el conflicto a un presente radicalmente distinto, pero llegan a conclusiones sorprendentemente iguales. La película, por ejemplo, introduce reflexiones sobre la llamada crisis de representación, uno de los fenómenos más característicos de nuestra época.
En ese sentido, Aguilera demuestra una comprensión admirable del material original. No intenta actualizarlo mediante referencias superficiales o discursos forzados. Lo que hace es localizar cuáles son las fracturas de nuestro presente y utilizarlas para alimentar progresivamente el conflicto dramático. Por eso la película funciona tan bien como una especie de secuela espiritual. Muchas son las películas de terror que enmarcan sus canicerías en escenarios donde previamente ha sucedido lo macabro. Idéntica jugada vemos en este filme. Continúa casi la historia de Saura en términos narrativos y prolonga sus preguntas esenciales.
Una experiencia incómoda y ferozmente contemporánea
Hace seis décadas Saura incomodó al público con diálogos hostiles, largas tomas de cazas reales, ecos de la Guerra Civil y planos que recorrían sudorosos cuerpos masculinos. Hoy, más insensibilizados con la violencia pero más sensibilizados con el trato a los animales, la estrategia es otra.
La tensión está presente desde los primeros compases y va creciendo hasta desembocar en un desenlace especialmente agresivo. Aguilera entiende que el público contemporáneo posee una sensibilidad diferente y, probablemente, un mayor grado de acostumbramiento a la violencia audiovisual. Por eso decide endurecer considerablemente el clímax.
Afortunadamente, la película evita uno de los elementos más problemáticos del original. Mientras que ‘La caza’ incluía la muerte real de animales, esta nueva versión prescinde de esas imágenes. No obstante, eso no significa que sea una experiencia fácil para espectadores sensibles. Hay secuencias particularmente desagradables y el tramo final alcanza niveles de crudeza visual que pueden resultar difíciles de soportar para algunos espectadores.
‘Día de caza’ es una obra que justifica plenamente su existencia porque comprende el legado que está revisitando y sabe encontrar nuevas preguntas para un viejo conflicto. No pretende sustituir a ‘La caza’, sino dialogar con ella desde el presente. Pedro Aguilera firma así una revisión inteligente, respetuosa y feroz, capaz de convertir un clásico del cine español en un espejo donde observar las incertidumbres, frustraciones y contradicciones de nuestra propia época.
Ficha de ‘Día de caza’
Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Día de caza. Duración: 94 min. País: España. Dirección: Pedro Aguilera. Guion: Lola Mayo, Pedro Aguilera. Música: Fernando Vacas. Fotografía: Eva Díaz. Reparto principal: Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma, Zoé Arnao. Producción: Gonita Filmación S.L., Día de caza AIE, Mondex ET CIE. Distribución: Sideral, Latido Films. Género: drama, comedia. Web oficial.
