En qué plataforma ver Lazarus
Watanabe se alía con Mappa, Adult Swim, Max y Chad Stahelski para un regreso colosal
No hay más que ver la creatividad y publicidad de ‘Lazarus’ para saber que está relacionada con ‘Cowboy Bebop’. Su estilo visual, su ritmo musical y su atmósfera estilizada recuerdan inmediatamente al clásico de culto, y no es casualidad. Efectivamente, el también creador de ‘Animatrix’, ‘Samurai Champloo’ y ‘Space Dandy’, Shin’ichirô Watanabe, está detrás de esta nueva producción que nos llega de la mano de Adult Swim y la plataforma Max. Watanabe es un nombre que ya por sí solo genera altas expectativas, tanto por su enfoque narrativo rupturista como por su sensibilidad a la hora de construir mundos que combinan lo retro, lo futurista y lo existencial. Aunque repite ciertos esquemas, en ‘Lazarus’ vuelve a demostrar que su creatividad no se ha agotado con el paso del tiempo, sino que sigue reinventando la forma de contar historias de ciencia ficción, en este caso con un enfoque más dramático, político y filosófico. La serie entra por los ojos, seduce por los oídos y se queda en la mente gracias a su carga temática. Desde los primeros compases, uno percibe que hay algo más que una historia de acción: hay una reflexión profunda sobre la condición humana, el control biotecnológico y el precio de la inmortalidad. El sello Watanabe está presente no solo en el tono, sino también en los dilemas morales y en el tipo de personajes, siempre marcados por traumas, pasados rotos y una sed de redención.
Uno de los aspectos más llamativos de ‘Lazarus’ es su protagonista, un personaje que parece salido de un videojuego como ‘Mirror’s Edge’, combinando habilidades acrobáticas de parkour con un dominio absoluto del combate cuerpo a cuerpo. Este protagonista, cuya identidad se va desvelando poco a poco, se mueve como un fantasma por entornos urbanos densamente digitalizados, con estética cyberpunk en su máxima expresión: neones, hologramas, decadencia industrial y vigilancia constante. Lo más interesante es que su estilo de lucha no es simplemente espectacular, sino que tiene un ritmo musical, casi coreográfico, que lo vincula con el jazz, en clara referencia a la impronta musical de ‘Cowboy Bebop’. De hecho, la música vuelve a tener aquí un papel clave, no solo como acompañamiento, sino como vehículo emocional que intensifica cada escena. Los instrumentos de viento y percusión acompañan las secuencias de combate con una sincronía que roza lo poético. Este personaje es más que un guerrero: es una figura trágica, regodeado en sus errores y con una fuerte carga simbólica, lo que le otorga una dimensión humana que rara vez se ve en series de acción. Su viaje personal se entrelaza con la misión global, y cada decisión que toma está marcada por un pasado complejo y una lucha interna constante entre deber, culpa y esperanza. Además, su diseño visual es un ejemplo de cómo en animación se puede construir un héroe memorable sin necesidad de diálogos extensos, solo con gestos, movimientos y una mirada bien dibujada.
En cuanto al apartado visual. La animación está a cargo del estudio Mappa, reconocido por su impresionante trabajo en títulos como ‘Dorohedoro’ o ‘Jujutsu Kaisen’. En ‘Lazarus’, Mappa se supera una vez más al combinar un estilo fluido con una dirección artística arriesgada, que mezcla técnicas de animación tradicional con CGI de forma armónica. Cada escena está pensada hasta el último detalle: la iluminación, la paleta de colores, los efectos de partículas y la física de los movimientos dotan al conjunto de una sensación de vida orgánica. No hay frame que no tenga algo que decir. Los fondos urbanos están cargados de detalles que enriquecen la narrativa visual, mientras que las escenas de acción se benefician de una planificación exquisita, con encuadres cinematográficos que recuerdan al mejor cine de ciencia ficción. Lo que más destaca es la capacidad de transmitir velocidad, vértigo y tensión sin caer en la confusión visual. Todo está coreografiado con precisión milimétrica, lo que demuestra que la animación japonesa sigue marcando el ritmo a nivel mundial en cuanto a calidad y ambición técnica. Además, Mappa ha sabido incorporar texturas y efectos sonoros que realzan cada impacto y cada transición, haciendo que el espectador sienta no solo lo que ve, sino también lo que escucha. El resultado es un producto audiovisual que no tiene nada que envidiar a las grandes producciones de Hollywood, y que se permite incluso innovar en cuanto a lenguaje visual y ritmo narrativo.
Otro nombre importante en esta serie es Chad Stahelski, conocido por haber sido doble de acción y por su salto a la dirección con la franquicia ‘John Wick’, que revitalizó el cine de acción con su estilo crudo, elegante y estilizado. Stahelski se encarga aquí de supervisar y diseñar la acción, y lo hace con la libertad que solo permite el formato animado. En lugar de verse limitado por las leyes físicas del cine real, Stahelski lleva sus ideas al extremo, permitiendo coreografías imposibles, cámaras imposibles y violencia estilizada sin concesiones. El resultado es una serie que se mueve constantemente, que nunca se detiene y que mantiene al espectador pegado a la pantalla. Pero lo mejor es que, pese a este despliegue de energía, la acción nunca se siente vacía ni gratuita. Cada enfrentamiento tiene un peso dramático, cada persecución tiene un motivo, y cada escena de combate revela algo más sobre los personajes o la situación. Esto es mérito tanto del guion como del diseño de Stahelski, que entiende que la acción no es solo espectáculo, sino también narrativa en movimiento. Sus aportes son palpables en cada episodio, sobre todo en la forma en que se combinan violencia, tensión emocional y estética visual. Así, Lazarus se convierte no solo en una serie de animación destacada, sino en una experiencia multisensorial que mezcla lo mejor del anime, el cine de acción moderno y la ciencia ficción más filosófica.
