Crítica: ‘El síndrome Rembrandt’

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Una premisa fascinante con un desarrollo irregular

Hay películas que plantean grandes preguntas y otras que buscan ofrecer grandes respuestas. ‘El síndrome Rembrandt’ pertenece claramente al primer grupo. Pierre Schoeller construye una obra de vocación intelectual que utiliza el arte como catalizador para reflexionar sobre la ética científica, la energía nuclear, el cambio climático y la responsabilidad individual. El problema es que, en su empeño por resultar trascendente, termina sacrificando buena parte de la implicación emocional del espectador.

La premisa es, sin duda, sugerente y muy intrigante. Una prestigiosa física nuclear ve cómo la contemplación de varias pinturas de Rembrandt altera su percepción del mundo y la lleva a cuestionar todo aquello en lo que ha creído durante décadas. Es una idea fascinante porque enfrenta dos formas aparentemente incompatibles de entender la realidad: la objetividad de la ciencia frente al poder irracional del arte. Sin embargo, el guion desarrolla ese conflicto de manera excesivamente abstracta. La transformación de la protagonista se acepta más como una metáfora que como un proceso psicológico plenamente convincente.

Camille Cottin y Romain Duris sostienen el relato

Camille Cottin soporta buena parte del peso dramático con una interpretación contenida, llena de pequeños matices y silencios que transmiten la creciente fractura interior de su personaje. A su lado, Romain Duris aporta equilibrio interpretando a un hombre que observa cómo la mujer con la que ha compartido toda una vida comienza a convertirse en alguien casi irreconocible. Ambos construyen una relación creíble incluso cuando el relato se vuelve más simbólico que narrativo.

Una puesta en escena elegante al servicio de las ideas

Visualmente, Schoeller apuesta por una puesta en escena sobria. La fotografía evita cualquier artificio y encuentra en los cuadros de Rembrandt un recurso visual poderoso, utilizando la luz y las sombras como prolongación del estado emocional de los personajes. No es casual: el claroscuro característico del pintor se convierte aquí en una metáfora constante de las zonas grises entre conocimiento, intuición y conciencia moral.

Un ritmo pausado que no conectará con todo el público

Donde la película puede dividir más al público es en su ritmo. Es un cine pausado, construido a partir de conversaciones, silencios y largos momentos de contemplación. Quien espere un thriller sobre una conspiración nuclear probablemente salga decepcionado, porque el suspense nunca es el verdadero objetivo. La tensión procede de las dudas éticas y existenciales de sus protagonistas, no de la acción.

El mayor mérito de ‘El síndrome Rembrandt’ reside precisamente en no ofrecer desvelar sus cartas de manera explícita. Invita al espectador a preguntarse hasta qué punto el conocimiento científico basta para comprender el mundo o si el arte puede revelar verdades que escapan a la razón. No obstante, esa misma ambición intelectual acaba jugando en su contra cuando la película prioriza el discurso sobre la emoción y convierte algunas secuencias en ejercicios de reflexión más que en auténticos momentos dramáticos.

En definitiva, Pierre Schoeller firma una obra elegante, inteligente y profundamente europea, destinada a un público dispuesto a dejarse llevar por las ideas más que por la trama. Es una película de  esas que requieren una conversación post visionado.

Ficha de ‘El síndrome Rembrandt’

Estreno en España: 7 de agosto de 2026. Título original: Rembrandt. Duración: 107 min. País: Francia. Dirección: Pierre Schoeller. Guion: Pierre Schoeller, Anne-Louise Trividic. Música: Pawel Mykietyn. Fotografía: Nicolas Loir. Reparto principal: Camille Cottin, Romain Duris, Denis Podalydès. Producción: Trésor Films, France 3 Cinema, Zinc, Artémis Productions, BE TV, Proximus, Canal+, Netflix. Distribución: Vercine. Género: drama, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘En mar abierto’

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Renny Harlin regresa a un territorio conocido, con pretensiones honestas y factura española

Tras haber estado muy entretenido con la trilogía remake de ‘The Strangers’, Renny Harlin cambia de tercio. El director de ‘Deep Blue Sea’ vuelve a rodar con sobre tiburones y también regresa al género del cine de acción pues es también el más lucrativo para él. Recordemos que Harlin es el director de ‘Jungla de Cristal 2’, ‘La isla de las cabezas cortadas’ o ‘Máximo riesgo’, entre otras. Con todo esto y aunque la calidad de las películas de este finés siempre se pone en entredicho (es el autor de ‘Hércules: el origen de la leyenda’), cabía esperar una película que no fuese de mera explotación. ‘En mar abierto’ es exactamente eso, pero con bastante buena calidad técnica.

¿Se puede tener tan mala suerte de que, tras la fortuna de sobrevivir a un aterrizaje forzoso en el mar, te veas rodeado de tiburones? Harlin piensa que es plausible y es la premisa que plantea para desarrollar la acción. Y lo hace a partir del texto los guionistas de películas calificadas casi de serie B como son Shane Armstrong y S. P. Krause, autores de ‘Bait’, ‘Black Chamber’ o ‘The Darkness’. Se percibe el bajo presupuesto pese a los nombres de su reparto, pero la película sale airosa por lo que comentaba anteriormente, hay una mano diestra tras la cámara y en postproducción que sabe darle a todo un halo de realismo y de película más costosa de lo que realmente es. Quien sabe, quizás si se hubiese concebido como originalmente se pensaba, que era como secuela de ‘Bait’, la cosa habría sido peor.

Harlin demuestra desde los primeros minutos que sabe manejar el ritmo. Tiene alguna que otra toma curiosa a la hora de reflejar la dimensión de la catástrofe o de darle espectacularidad a la acción, especialmente durante el accidente, donde la planificación transmite una sensación de caos bastante conseguida. Resulta llamativo que varias de las secuencias acuáticas se rodaran en grandes depósitos de agua combinados con escenarios físicos y efectos digitales, una solución habitual en este tipo de producciones que aquí logra un resultado más convincente de lo esperado.

También es interesante comprobar cómo el director recupera una idea que ya dominó en ‘Deep Blue Sea’: los tiburones funcionan mejor cuando son una amenaza constante que cuando ocupan el centro del plano. La tensión nace más de la espera que del ataque. Y por otro lado el coste, a raíz de tener que recrear menos tiburones, se reduce.

Un entretenimiento consciente de sus excesos

Uno de los mayores aciertos del guion de ‘En mar abierto’ consiste en no limitar toda la acción a un único espacio. La película dispone varios escenarios dentro del mismo desastre. Encierros, tensión social, carreras delante de un tiburón… Entre las tres consiguen mantener nuestra atención, que por supuesto solo quiere ver muertes con escualos. Esa fragmentación evita que la propuesta caiga en la monotonía y permite alternar momentos de suspense con otros mucho más cercanos al cine de aventuras.

Eso no significa que el libreto esté libre de decisiones cuestionables. Como en toda película de estas características hay alguna que otra decisión por parte de los protagonistas que carece de sentido o lógica. Hay personajes que parecen olvidar el peligro en el momento más inoportuno o que escogen siempre la alternativa más arriesgada. Sin embargo, Harlin parece plenamente consciente de ello y, en ocasiones, incluso juega con esos tópicos. No es casual la inclusión de un personaje que, en mitad del caos, grita el clásico «soy ciudadano americano», una frase que funciona casi como una broma metacinematográfica sobre determinados clichés del cine de acción estadounidense.

Dentro del reparto sorprende especialmente la presencia de Ben Kingsley. Su participación es prácticamente una broma, reducida a un papel tan breve que cuesta creer que un intérprete de su prestigio figure entre los principales reclamos del cartel. Más que un personaje, parece un elegante cameo destinado a aportar un nombre de peso a la producción.

Aaron Eckhart sostiene la aventura

Quien realmente carga con el peso del relato es Aaron Eckhart. El actor recupera el rol de piloto como ya hizo en ‘Sully’. Es uno de los protagonistas en esta historia que realmente tiene protagonismo compartido al fragmentarse en distintas situaciones, pero es evidente que la narración regresa a él una y otra vez. Eckhart aporta la presencia, más que demostrada anteriormente, como líder y cumple con el perfil de héroe clásico.

Y sí, llega ese momento que resume perfectamente la filosofía del filme: Aaron Eckhart liándose a golpes con un remo con un tiburón que le triplica en tamaño. Es una escena que supone una declaración de intenciones y que seguro que más de un superviviente real te diría que no es tan loca como parece. Sea como fuere está claro que Harlin no busca realismo, sino una diversión extraída de la tensión.

Un desastre aéreo que sabe cómo no acabar estrellándose

La producción es consciente en todo momento de qué clase de película quiere ser. No aspira al terror sofisticado ni a la profundidad psicológica. Aporta ciertos dramas para cada personaje pero su objetivo es mantener al espectador tenso durante poco más de hora y media enlazando accidentes, ataques, rescates imposibles y algún que otro sacrificio heroico.

‘En mar abierto’ no alcanzará el estatus de clásico dentro del subgénero de tiburones, pero sí representa cierto sector del terror actual que esquiva la parte peyorativa de la etiqueta serie B comprendiendo perfectamente cuáles son sus fortalezas. Renny Harlin aporta el oficio suficiente para ello. Es un pasatiempo honesto y a veces eso basta para disfrutar.

Por último, cabe señalar que la película tiene factura española pues está producida por Nostromo Pictures y parte de su rodaje ha transcurrido en Canarias. La banda sonora es del getxotarra Fernando Velázquez y han trabajado en ella estudios de efectos como Orca Studios o El Ranchito. Es pro ello que está dedicada a la memoria de Lionel Estivill, experto en VFX quien con solo 34 años fue profesor de la ESCAC y trabajó en películas como ‘Transformers’, ‘Thor’, ‘Paddington’ o ‘Apocalipsis Z’.

Ficha de ‘En mar abierto’

Estreno en España: 7 de agosto de 2026. Título original: Deep Water. Duración: 110 min. País: EE.UU., España. Dirección: Renny Harlin. Guion: Pete Bridges, Shayne Armstrong, S.P. Krause. Música: Fernando Velázquez. Fotografía: DJ Stipsen. Reparto principal: Ben Kingsley, Aaron Eckhart, Angus Sampson, Molly Belle Wright. Producción: Nostromo Pictures, Arclight Films, Aristos Films, Aventura, Blue Rider Pictures, Pink308, Rabbits Black, SSS Entertainment, Simmons/Hamilton Productions, Top Film Distribution. Distribución: DeAPlaneta. Género: acción, terror. Web oficial.