Crítica: ‘La muerte de Robin Hood’

En qué plataforma ver La muerte de Robin Hood

Una contextualización del mito que no lo mata, sino que lo revisa desde una incomodidad realista

La coincidencia resulta casi macabra. Justo cuando llega a los cines ‘La muerte de Robin Hood’, una película que reflexiona sobre el ocaso de uno de los personajes más importantes de la tradición popular anglosajona, hemos conocido la muerte del Major Oak, el legendario árbol de Sherwood asociado durante siglos a las historias del arquero forajido. Más de mil años de historia convertidos en madera muerta. No deja de parecer una retorcida campaña promocional diseñada por algún departamento de marketing especialmente inspirado, aunque la realidad, por desgracia, sea mucho más triste. El símbolo muere mientras el cine se dispone a narrar el final del hombre que inspiró todo.

Dada la tonalidad de la cinta creo que tendrá muchos detractores. Y sin ánimo de hacer de abogado del diablo he de decir que me ha engatusado su visión. Además, acudí con ganas a verla y me esperaba ya algo así de lúgubre pues todo parte de la idea del director Michael Sarnoski. El director ya había demostrado en ‘Pig’ una sensibilidad extraordinaria para explorar al ser humano, además de conseguir algo que no siempre resulta sencillo: extraer una de las mejores interpretaciones de la carrera reciente de Nicolas Cage. Más tarde confirmó su talento para el cine de gran presupuesto con ‘Un lugar tranquilo: Día 1’. Ahora utiliza ambas experiencias para construir una obra que se mueve entre el drama existencial, el relato medieval y la revisión de un estándar del heroísmo.

El Robin Hood que podría haber existido

Quien espere una nueva aventura heroica protagonizada por el arquero de Sherwood probablemente salga desconcertado. ‘La muerte de Robin Hood’ pertenece a esa corriente de películas empeñadas en desmontar mitos para encontrar la humanidad que se esconde detrás de ellos. En ese sentido conecta con propuestas como ‘El regreso de Ulises’, ‘El hombre del norte’ o ‘Beowulf & Grendel’. Resulta curioso que las dos últimas estén vinculadas también a la familia Skarsgård, cuya presencia vuelve a aparecer aquí mediante Bill Skarsgård interpretando a Edward, una reinterpretación de Little John.

La intención de Sarnoski no es narrar la leyenda, sino preguntarse cómo pudo surgir. ¿Qué clase de hombre real habría inspirado siglos de canciones, cuentos y exageraciones? La respuesta es profundamente incómoda. Su Robin Hood está lejos de ser un héroe romántico. Es un hombre envejecido, marcado física y moralmente por una vida de violencia, robos y muertes. Un personaje que contempla el peso de sus actos mientras busca irse con las botas puestas.

Lo interesante es que la película nunca abandona esa perspectiva realista. Cada enfrentamiento, cada decisión y cada conflicto parecen diseñados para alejarse de la fantasía aventurera tradicional. No hay espacio para hazañas imposibles ni para discursos idealizados. Lo que encontramos es barro, sangre y supervivencia. Una Edad Media hostil donde la violencia tiene consecuencias físicas y emocionales.

La película no cae en el cinismo absoluto. Existe una cierta nobleza trágica en este Robin Hood que se niega a rendirse a la figura que han creado sus propias mentiras. Y aunque la película imagina libremente numerosos aspectos de la leyenda, mantiene una ligera fidelidad al espíritu del desenlace tradicional asociado al personaje.

Hugh Jackman lidera un reparto excepcional

Uno de los grandes aciertos del filme es su reparto. Hugh Jackman encuentra aquí uno de esos personajes que parecen escritos específicamente para un actor que ha alcanzado cierta madurez artística. Por otro lado si lo pensamos bien esta película habría encajado perfectamente con su adorado personaje de Marvel. Su Robin Hood combina dureza, cansancio, culpa y determinación. El actor desaparece prácticamente tras una barba y unas cicatrices que propiciaron que la propia Jodie Comer reconociese que apenas lo identificó durante los primeros días de rodaje.

A su lado encontramos a una magnífica Jodie Comer como Brigid, probablemente el personaje más importante para comprender la dimensión humana del protagonista. La actriz vuelve a demostrar por qué es una de las intérpretes más sólidas de su generación, aportando sensibilidad y fuerza a un papel que evita cualquier simplificación.

Bill Skarsgård también aporta presencia y carisma en esta reinterpretación de Little John. Su personaje funciona como recordatorio constante del pasado compartido y de las consecuencias de una vida construida alrededor de la violencia. Pero sobretodo para dar pie a un personaje infantil que se acaba convirtiendo en crucial.

Una elegía medieval acompañada por una música extraordinaria

Si visualmente la película apuesta por la crudeza, su apartado musical opta por la melancolía. La banda sonora compuesta por el músico Jim Ghedi se convierte en uno de los elementos más destacados del conjunto. Sus composiciones acústicas, oscuras y profundamente folk acompañan la narrativa como si fueran antiguas baladas transmitidas de generación en generación.

Las melodías evocan ocasionalmente ecos medievales, especialmente gracias al uso de instrumentos y texturas sonoras cercanas a gaitas, violines y arreglos tradicionales. Sin embargo, Ghedi evita cualquier tentación épica. Su música habla constantemente de pérdida, de memoria y de la inevitabilidad del paso del tiempo.

Y quizás ahí reside la verdadera esencia de ‘La muerte de Robin Hood’. No es una película sobre un héroe legendario. Es una película sobre lo que ocurre cuando la leyenda desaparece y sólo queda el hombre. Sobre cómo los relatos transforman a las personas en símbolos y cómo esos símbolos terminan sobreviviendo a quienes los inspiraron.

Sin rigor mitológico, pero quizás si histórico

Michael Sarnoski entrega una obra sombría, violenta y profundamente reflexiva que probablemente dividirá a quienes busquen una aventura tradicional o sean mitómanos. Sin embargo, para quienes disfrutan de las reinterpretaciones terrenales del mito y de los relatos crepusculares sobre héroes envejecidos, estamos ante una propuesta fascinante aunque con algunos momentos de deriva y de prolongación innecesaria.

Quizá Robin Hood nunca fue exactamente como nos lo contaron. Pero si alguna vez existió alguien capaz de inspirar esta figura heróica, seguramente se parecería bastante al hombre que Hugh Jackman interpreta aquí. Sarnoski entiende que un hombre criado en la crudeza medieval difícilmente podía responder a los conflictos con el idealismo romántico que le atribuyen las leyendas posteriores. Su temperamento frío y agresivo es, en gran medida, el reflejo de una época donde la fuerza y la violencia marcaban el rumbo de la historia y los cuentos.

Ficha de ‘La muerte de Robin Hood’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: The Death of Robin Hood. Duración: 123 min. País: EE.UU. Dirección: Michael Sarnoski. Guion: Michael Sarnoski. Música: Jim Ghedi. Fotografía: Patrick Scola. Reparto principal: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe, Fatih Delaney. Producción: Lyrical Media, Ryder Picture Company. Distribución: DeAPlaneta. Género: acción, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Lady Nazca’

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Las líneas de Nazca son un tesoro y una herencia cultural, pero Dorsaz consigue convertirlas en un viaje hacia la identidad

Hay películas que buscan resolver misterios y otras que entienden que el verdadero interés está en quienes los contemplan. ‘Lady Nazca’, dirigida por Damien Dorsaz, pertenece claramente al segundo grupo. Aunque parte de uno de los grandes enigmas arqueológicos del planeta, las célebres líneas de Nazca, el filme evita caer en la obsesión por las teorías y las respuestas para centrarse en algo mucho más humano: la búsqueda de identidad, de propósito y de un lugar propio en el mundo.

Ambientada en el Perú de 1936, cuando el nazismo comenzaba a proyectar su sombra sobre Europa y el mundo observaba con inquietud los cambios políticos que se avecinaban, la película sigue a María Reiche, matemática alemana que atraviesa una crisis tanto profesional como sentimental. Su encuentro con el arqueólogo francés Paul d’Harcourt la llevará hasta el desierto de Nazca, donde descubrirá unas figuras gigantescas trazadas sobre la tierra que terminarán transformando su existencia.

Resulta especialmente interesante cómo el largometraje convierte la ciencia en un lenguaje emocional. Mientras otros personajes hablan francés, alemán, inglés o español, y en determinados momentos también escuchamos lenguas indígenas como el quechua o el aimara, el verdadero idioma de María es el de las matemáticas. Son los números, las proporciones y las líneas geométricas los que le permiten interpretar el mundo y conectar con una antigüedad olvidada. La diversidad lingüística supone además un reto notable para el reparto y contribuye a transmitir la sensación de agitación internacional que rodea la historia.

El desierto como personaje y espectáculo visual

Uno de los grandes logros de ‘Lady Nazca’ reside en su apartado visual. Damien Dorsaz entiende que las líneas no pueden ser simplemente un decorado. Deben convertirse en una presencia casi espiritual que acompañe a la protagonista durante todo su recorrido vital.

Por motivos de conservación patrimonial, parte del trabajo visual se realizó mediante réplicas construidas en zonas autorizadas de Palpa, complementadas con localizaciones en Nazca, Ica y Lima. El resultado es notable porque en ningún momento se percibe artificioso.

Los grandes planos generales consiguen transmitir una sensación de asombro constante. Las líneas rompen la aparente uniformidad del paisaje y convierten el desierto en un espacio casi sobrenatural. Hay secuencias donde la inmensidad de la naturaleza parece dialogar directamente con la pequeñez del ser humano, recordándonos que algunas obras trascienden a quienes intentan comprenderlas.

La fotografía de Gilles Porte aprovecha además las tonalidades ocres y doradas del entorno para construir imágenes de enorme belleza contemplativa. A veces la película avanza con una lentitud deliberada que puede poner a prueba la paciencia de algunos espectadores, pero esa misma cadencia permite apreciar mejor la relación íntima que María desarrolla con el territorio.

Más allá del misterio arqueológico

Algo que remarca el guión es que María Reiche no fue quien descubrió las líneas de Nazca, pero sí una de las figuras fundamentales para su estudio, divulgación y protección. Durante décadas dedicó su vida a preservar aquel legado cultural hasta convertirse en una auténtica institución en Perú. No es casualidad que el museo situado junto a las líneas lleve su nombre y que allí reposen sus restos.

La María Reiche de Devrim Lingnau no es una heroína convencional ni una aventurera romántica al uso. Es una mujer inteligente y profundamente observadora que encuentra en aquellas marcas milenarias una vocación capaz de dar sentido a su vida. Lejos de presentar una visión colonial o paternalista, ‘Lady Nazca’ apuesta por mostrar a una mujer que se integra profundamente en la cultura peruana. La película subraya cómo su compromiso va más allá de la curiosidad científica y termina convirtiéndose en una auténtica misión de vida.

Por eso el misterio arqueológico acaba ocupando un lugar secundario. La pregunta principal no es quién creó las líneas ni cuál era su función, sino qué encuentra María en ellas. La respuesta tiene más que ver con la pertenencia, la vocación y la memoria que con cualquier teoría histórica.

Ficha de ‘Lady Nazca’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Lady Nazca. Duración: 99 min. País: Francia. Dirección: Damien Dorsaz. Guion: Damien Dorsaz, Fadette Drouard, Franck Ferreira Fernandes, Raphaëlle Valbrune-Desplechin, Aude Py. Música: Nascuy Linares. Fotografía: Gilles Porte. Reparto principal: Devrim Lingnau, Guillaume Gallienne, Olivia Ross, Amaranta Kun. Producción: Octopolis, 27 Films Productions, Memento Films Production, TOBIS Film, Rotor Film, Digital District, Unesco, FFA, DFFF, Rayo en la botella. Distribución: Vercine. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘Día de caza’

Demuestra que es imposible escapar de nuestro pasado, personal y cinematográfico

Hay remakes que se limitan a reproducir una obra conocida con nuevos rostros y una estética actualizada. Luego están aquellos que entienden que la mejor manera de revisitar un clásico consiste en dialogar con él. ‘Día de caza’, de Pedro Aguilera, pertenece claramente a esta segunda categoría. Inspirada de forma directa en ‘La caza’, una de las películas más importantes y celebradas de la filmografía de Carlos Saura, la nueva propuesta no pretende ocultar sus referencias ni disfrazar sus intenciones. Al contrario, las exhibe con orgullo para construir una obra que, siendo prácticamente idéntica en su estructura, termina adquiriendo una personalidad propia.

La premisa sigue siendo tan sencilla como inquietante. Un grupo de viejas amistades vuelve a reunirse después de muchos años sin apenas contacto para disfrutar de una jornada de caza. Bajo esa apariencia de camaradería y reconciliación laten viejas heridas, frustraciones acumuladas y tensiones que nunca llegaron a resolverse. Lo que comienza como una reunión aparentemente cordial se transforma poco a poco en un estudio sobre el resentimiento, la decepción y los vínculos deteriorados por el paso del tiempo.

Aguilera juega de forma muy consciente con la memoria cinéfila del espectador. La película mantiene buena parte de los diálogos, las dinámicas y la progresión dramática del original de Saura. Sin embargo, no se trata de una copia vacía. El director comprende perfectamente qué elementos deben permanecer intactos y cuáles necesitan ser adaptados para dialogar con la sociedad contemporánea.

De hecho, una de las decisiones más inteligentes de la película es no convertir la actualización en un simple ejercicio de inversión de roles. La revisión no gira alrededor de cuestiones de género ni pretende demostrar que los conflictos cambian dependiendo del sexo de los personajes. Su interés es mucho más ambicioso. Lo que realmente le interesa a Aguilera es examinar cómo han cambiado las preocupaciones colectivas desde las puertas del tardofranquismo hasta la actualidad.

De la España de Saura a la crisis de representación contemporánea

La fuerza de ‘Día de caza’ no reside solo en un reparto envidiable y metidísimo en sus papeles compuesto por Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma y la joven Zoé Arnao. Reside precisamente en la capacidad para conectar dos épocas históricas muy diferentes y demostrar que determinadas fracturas humanas siguen permaneciendo intactas. No sé si las actrices han visto o no la película original, pero desde luego calcan a sus predecesores.

Cuando Carlos Saura y Angelino Fons escribieron ‘La caza’, España vivía bajo una dictadura y las tensiones sociales, políticas y generacionales impregnaban cada rincón de la narración. Pedro Aguilera y la guionista Lola Mayo trasladan el conflicto a un presente radicalmente distinto, pero llegan a conclusiones sorprendentemente iguales. La película, por ejemplo, introduce reflexiones sobre la llamada crisis de representación, uno de los fenómenos más característicos de nuestra época.

En ese sentido, Aguilera demuestra una comprensión admirable del material original. No intenta actualizarlo mediante referencias superficiales o discursos forzados. Lo que hace es localizar cuáles son las fracturas de nuestro presente y utilizarlas para alimentar progresivamente el conflicto dramático. Por eso la película funciona tan bien como una especie de secuela espiritual. Muchas son las películas de terror que enmarcan sus canicerías en escenarios donde previamente ha sucedido lo macabro. Idéntica jugada vemos en este filme. Continúa casi la historia de Saura en términos narrativos y prolonga sus preguntas esenciales.

Una experiencia incómoda y ferozmente contemporánea

Hace seis décadas Saura incomodó al público con diálogos hostiles, largas tomas de cazas reales, ecos de la Guerra Civil y planos que recorrían sudorosos cuerpos masculinos. Hoy, más insensibilizados con la violencia pero más sensibilizados con el trato a los animales, la estrategia es otra.

La tensión está presente desde los primeros compases y va creciendo hasta desembocar en un desenlace especialmente agresivo. Aguilera entiende que el público contemporáneo posee una sensibilidad diferente y, probablemente, un mayor grado de acostumbramiento a la violencia audiovisual. Por eso decide endurecer considerablemente el clímax.

Afortunadamente, la película evita uno de los elementos más problemáticos del original. Mientras que ‘La caza’ incluía la muerte real de animales, esta nueva versión prescinde de esas imágenes. No obstante, eso no significa que sea una experiencia fácil para espectadores sensibles. Hay secuencias particularmente desagradables y el tramo final alcanza niveles de crudeza visual que pueden resultar difíciles de soportar para algunos espectadores.

‘Día de caza’ es una obra que justifica plenamente su existencia porque comprende el legado que está revisitando y sabe encontrar nuevas preguntas para un viejo conflicto. No pretende sustituir a ‘La caza’, sino dialogar con ella desde el presente. Pedro Aguilera firma así una revisión inteligente, respetuosa y feroz, capaz de convertir un clásico del cine español en un espejo donde observar las incertidumbres, frustraciones y contradicciones de nuestra propia época.

Ficha de ‘Día de caza’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Día de caza. Duración: 94 min. País: España. Dirección: Pedro Aguilera. Guion: Lola Mayo, Pedro Aguilera. Música: Fernando Vacas. Fotografía: Eva Díaz. Reparto principal: Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma, Zoé Arnao. Producción: Gonita Filmación S.L., Día de caza AIE, Mondex ET CIE. Distribución: Sideral, Latido Films. Género: drama, comedia. Web oficial.